Hay cosas que por simples, las pasamos por alto y son las que en verdad nos hacen sentirnos bien. Mas que bien, bienaventurados. Y de ellas nos habla el Salmo 128: Bienaventurado todo aquel...
Bienaventurados
20-01-2011 - Antonio Sellés
Hay cosas que por simples, las pasamos por alto y son las que en verdad nos hacen sentirnos bien. Mas que bien, bienaventurados.
Y de ellas nos habla el Salmo 128:
Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos.
Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien.
Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa.
He aquí que así será bendecido el hombre que teme a Jehová. (Salmos 128:1-4)
Es algo natural en todos los que nos acercamos al Señor el deseo de ser bendecidos; pensando que esa bendición la podemos conseguir asistiendo a conferencias y seminarios impartidos por grandes hombres de Dios, con experiencia mas que probada en este tipo de eventos, y no es que no sea así; pero la bendición más grande e importante, la podemos encontrar en nuestra propia casa, en nuestro propio hogar, si es que seguimos las pautas marcadas por el Señor.
Porque toda bendición que se reciba es para compartirla con los demás, primeramente con los de nuestra casa. Así que el hombre que teme (respete en todo) al Señor hará lo posible para aplicarse cada una de las enseñanzas contenidas en las Sagradas Escrituras, sin desviarse de ellas.
Y en ellas encontramos que se debe trabajar para proveer para los de nuestra casa;
(1 Timoteo 5:8) dando gracias por lo conseguido a través del trabajo de nuestras manos, satisfechos al poder aportar lo necesario para que en nuestra casa, haya estabilidad económica y a través de ella bienestar. Añadiendo por nuestra parte el respeto debido y el trato adecuado para con la persona, (nuestra esposa) que en su día y de común acuerdo decidimos por amor, compartir el resto de nuestras vidas. Además de ser los garantes de su salud espiritual, debido a nuestro compromiso con Dios, de honrarlas y respetarlas como coherederas que lo son, de Su Reino. (1 Pedro 3:7)
Y que como al igual que una vid, que se debe cuidar y proteger con mucho esmero, para que lleve fruto en abundancia, así debemos cuidar, amar, respetar y proteger a nuestra esposa, para que además de dar fruto, embellezca y llene de alegría y paz nuestro hogar. (Proverbios 18:22)
Hogar en el que florecerán nuestros hijos, como plantas de olivo. Dándonos a entender que al igual que el olivo, que es uno de los árboles frutales más resistentes a las inclemencias del tiempo; árbol de hoja perenne (que no cae) y que a su tiempo nos regala su preciado fruto; fruto del que se obtenía el aceite para la unción y para el alumbrado del Templo de Dios, (Éxodo 27:20) así nuestros hijos, al pertenecer a un hogar en el que sus fundamentos son el amor y el respeto mutuo y en donde se teme (respeta) al Señor, guardando sus mandamientos y estatutos, crecerán sanos física, emocional y espiritualmente, y que a su debido tiempo (dando fruto) nos llenarán de satisfacción y alegría como padres, al verles andar también a ellos, al igual que nosotros en los caminos del Señor. Caminos en los que a su vez, al haber sido instruidos en ellos, les conducirán a llevar a otros (alumbrándoles) bajo la dirección del Espíritu Santo a los pies del Señor Jesucristo.
¡¡Que gran bendición es esta para todos aquellos que temen (respetan) al Señor!!
Porque de que sirve el conocimiento de la Palabra de Dios, si en nuestra propia casa no la ponemos en practica.
El Señor pone las bendiciones además de fáciles, siempre a nuestro alcance para que ninguno de nosotros pueda decir que no tuvo oportunidad de conseguirlas, al no saber lo suficiente o no estar preparado para recibirlas. Porque la bendición, (sea la que sea) simplemente, es el resultado de aplicar a lo largo de nuestra vida, la obediencia que le debemos y que espera de nosotros (sus hijos) nuestro Dios y Señor.
Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.
Será como árbol plantado junto a corrientes de agua, que da fruto a su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará. (Salmos 1:1-3)
Que la Gloria sea siempre sea para nuestro Dios.
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