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Intelectuales del Evangelio
30-06-2009 - Antonio Sellés
Durante una reciente reunión de oración, sentí, (y espero me perdonen los que no estén de acuerdo con este término, pero no se explicarlo de otra manera) que el Señor me mostraba, que algunos de nosotros somos intelectuales cristianos o del evangelio, a la vez que me recordaba el siguiente verso del evangelio de San Juan, con especial énfasis en la parte que he resaltado en negrita:
El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10)
Así que anoté lo que creo (con perdón) me dijo el Señor, para que no se me olvidara y poder reflejarlo por escrito, de la mejor manera posible; para que a la vez que se entienda, nadie se moleste. Además busqué en el diccionario el significado de los vocablos “intelectual, evangelio y cristiano” para ampliar la perspectiva.
Y esto es lo que encontré en el diccionario, Minilarousse Ilustrado:
Intelectual: Dícese de la persona dedicada al cultivo de las ciencias y letras, que afirma la preeminencia de la inteligencia, sobre los sentimientos y la voluntad.
Evangelio: Buenas nuevas o buenas noticias, que anuncian la presencia de Dios para restauración. Historia de la vida, doctrina y milagros de Jesucristo.
Cristiano: Que profesa la religión de Cristo. Seguidor de las enseñanzas de Jesucristo. Discípulo de Cristo.
Por lo tanto, podríamos afirmar que un intelectual cristiano o del evangelio, es todo aquel seguidor de Jesucristo, que afirma que debe prevalecer el intelecto, (raciocinio) por encima de los sentimientos, la voluntad y la revelación, en el estudio y aplicación de la Palabra de Dios. Sin importar que sean oficiales (pastores o ancianos) o simples miembros de cualquier congregación o denominación.
Intelectuales del evangelio.
Podemos encontrar intelectuales cristianos o del evangelio, prácticamente en todas las congregaciones; siendo en algunas de ellas, mayoría.
Suelen leer la mayor parte de los libros cristianos que se editan; (también la Biblia) conocen los nombres de todos lo autores de mayor fama. Estudian y comentan en grupo algunos de los libros que llegan a ser betsellers cristianos, pero leen muy pocos libros “mundanos” y tampoco suelen oír música de este tipo, sin embargo tienen cantidad de Cds. cristianos, estando también al tanto para adquirir la última novedad, (bastante cara por cierto) y así poder estar al día, también en este tema.
Les encanta reunirse con hermanos que tengan las mismas “altas” inquietudes, y a pesar de vivir distantes y pertenecer a distintas congregaciones y denominaciones, todos ellos se conocen. Sin dejar de congregarse regularmente en la iglesia a la que pertenecen y son miembros, participando de lleno en sus actividades y eventos. No olvidemos que son cristianos.
Sus reuniones (entre ellos) suelen consistir generalmente en comentar el último libro de éxito publicado, cristiano naturalmente, y no es que sea malo, pero, no suelen poner en práctica lo que tan bien le ha ido al hermano que ha publicado el libro en cuestión, y que tanto les ha enseñado, además del bien que les ha hecho al leerlo.
Suelen estar enterados, de todo lo que está ocurriendo alrededor del mundo, en cuanto a cristianismo se refiere, como: congregaciones más numerosas, eventos que se realizan, enseñanzas de éxito, conferencias, conciertos, etc., pero no suelen involucrarse en nada, sólo son observadores. Y en caso de hacerlo, tiene que ser en algo en que otros intelectuales estén involucrados.
Muchos de ellos poseen títulos, diplomas y licenciaturas en divinidades y materias semejantes. Su vida consiste en estar siempre aprendiendo, analizando y opinando, y muy pocos se atreven a conjugan el presente del verbo hacer.
Y no es que esta forma de comprender el evangelio sea mala, (pecado) pero, es ineficaz y no conduce a nada. Sólo a perder el tiempo. (Romanos 12:2)
Cuando el Señor está esperando de ellos, de los intelectuales cristianos, (también de los que no lo son) que se pongan en movimiento, (esto es lo que sentí), para que tengan sus propias experiencias en Él, y no que vivan de las experiencias de otros. Que asuman la realidad y el poder de la Palabra de Dios, sin teorizarla.
Porque, sin darse cuenta, por su actitud, están bloqueando el fluir del Espíritu Santo de Dios en sus vidas. Cuando el Señor recomienda todo lo contrario. (Efesios 5:19)
Porque Él Verbo de Dios, no vino para darnos información o seminarios teológicos, o teóricos; ni para conocer nuestra opinión sobre el evangelio. El vino, para cargar con nuestros pecados en la cruz y darnos vida. Vino, para dejar en su lugar una vez que regresara con el Padre, al Espíritu Santo y para que este, nos llevara a toda la verdad; si es que no se lo impedimos a través de nuestro intelecto.
El vino, a mostrarnos todo lo que podíamos hacer en Él. A que llevásemos sus enseñanzas a la mayor cantidad de gente posible. El vino, a decirnos que (efectivamente) mayores cosas que él podríamos hacer, como algunos hermanos nuestros hacen en distintas partes del mundo, porque él iba al Padre.
Sentí, además, como si me dijera el Señor, que debíamos salir (todos) de nuestro letargo, que ya habíamos aprendido lo suficiente y que había llegado la hora de ejercer como hijos de Dios. Que ya estaba bien tanto analizar su Palabra y no ponerla en práctica.
Que nos fijásemos en los que estudian alguna carrera, como por ejemplo la de medicina: “Que se estudia en la universidad, pero no se ejerce ella”.
Que había llegado el momento de que nuestro espíritu, dirigido por el Espíritu Santo tomara el control de nuestra mente, para hacer realidad lo que tanto hemos deseado y que nunca habíamos podido conseguir a través de nuestro intelecto.
Sentí, tantas cosas, que llenaría varias páginas mencionándolas; cosa que no haré, porque con lo expuesto, creo que está suficientemente claro lo que espera el Señor de nosotros.
Así que no tuve más remedio que decir ¡Amen! y ¡Amén! A lo que sentí me dijo el Señor en esa reunión de oración.
Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también nadie conoció las cosas de Dios sino el Espíritu de Dios.
Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.
(1 Corintios 2:11-12)
Que la Gloria sea siempre para nuestro Dios.