Los que no entran.

 

 

A las puertas de la tierra prometida, sabiendo Moisés que en breve iba a comparecer ante el  Eterno, les dirige un discurso de despedida  a los israelitas que iban a tomar posesión de dicha tierra.

Discurso en que les recuerda todo lo acontecido a lo largo de los cuarenta años transcurridos desde la liberación de la esclavitud de Egipto hasta ese día. Insistiendo además, en la importancia   de guardar toda la ley que recibieron de manos del Señor en Horeb. (Mal. 4:4)

Incide Moisés en este discurso y  manera intencionada,  en lo acontecido cuando el pueblo atemorizado, no quiso entrar a tomar posesión de la tierra prometida por Dios a la descendencia de Abraham:

Y salidos de Horeb, anduvimos todo aquel grande y terrible desierto que habéis visto, por el camino del monte del amorreo, como Jehová nuestro Dios nos lo mandó; y llegamos hasta Cades- barnea.  Entonces os dije: Habéis llegado al monte del amorreo, el cual Jehová nuestro Dios nos da.  Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes.  Y vinisteis a mí todos vosotros, y dijisteis: Enviemos varones delante de nosotros que nos reconozcan la tierra, y a su regreso nos traigan razón del camino por donde hemos de subir, y de las ciudades adonde hemos de llegar.  Y el dicho me pareció bien; y tomé doce varones de entre vosotros, un varón por cada tribu.  Y se encaminaron, y subieron al monte, y llegaron hasta el valle de Escol, y reconocieron la tierra.  Y tomaron en sus manos del fruto del país, y nos lo trajeron, y nos dieron cuenta, y dijeron: Es buena la tierra que Jehová nuestro Dios nos da.  Sin embargo, no quisisteis subir, antes fuisteis rebeldes al mandato de Jehová vuestro Dios. (Deut. 1:19-26)

La tierra era buena, (según dijeron los espías)  pero las ciudades tenían muros  muy altos y la gente que la habitaba, gigantes. Y esto les provocó tal pavor, que incluso olvidaron todas y cada una de las maravillas que el Señor había hecho delante de sus ojos. Negándose a entrar en la tierra que el Señor había preparado para ellos.

Así que, una vez leída  no solo la  porción transcrita, sino todo el primer capítulo y algunos más de Deuteronomio, reflexionando, reconocí que muchos de nosotros tampoco queremos entrar al lugar que el Señor nos ha preparado.  Incluso entendí que el motivo oculto, es: Miedo a comprometernos con Dios.

Porque al igual que a los israelitas, al llamarnos el Señor,   durante un tiempo, (aunque nunca deja de hacerlo) nos cuidó y proveyó para nuestras necesidades:

Y en el desierto has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar. (Deut. 1:31)

Por lo que al llegar para nosotros   el tiempo de Dios,  al igual que les pidió a los israelitas  que tomaran posesión de la tierra,   el Señor nos insta a los que le hemos  creído, que tomemos   posesión de la “tierra” que para nosotros   ha preparado. Pero con el añadido que los altos muros y la gente alta, no nos atemoricen, como atemorizaron a los israelitas:

…No temáis, ni tengáis miedo de ellos. 
Jehová vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos.
(Deut. 1:29-30)

Disposición, la de entrar, que para  algunos, ya sea la cultura,  educación, tradición,  el qué dirán,  posición  social  o comodidad,  (Mateo, 13:22) que   es  (como ya se ha mencionado)  miedo a comprometerse con Dios,  les parecen  murallas difíciles de franquear. Murallas que a muchos  les   hacen retroceder.  Y esto a  pesar de haber conocido al Señor y su obra.

La verdad es que,  según creo entender, el tiempo de Dios para cada uno, es cuando el Señor nos  dice que nos necesita, y esto, significa compromiso: ¿Ignoráis, que no sois vuestros? (1 Cort. 6:19). Y lo hace (el llamarnos) a pesar de que no nos necesita, porque para algo es Dios. Pero a lo largo de la historia como todos sabemos, a muchos hombres llamó,  para  que llegado el momento, como hijos, hagamos algo para él. (Hechos, 9:15)

El problema reside que al llamarnos nos insta a que le hagamos frente a  todo aquello que nos atemoriza; y a pesar de que nos asegura que va a venir con nosotros,  algunos,  no están por la labor, al vencerlos el temor.  Sobre todo,  el temor al compromiso  con Dios.

Porque al “entrar” que cuyo significado es: Pasar de un lugar,  a otro cerrado o limitado, Moisés advierte al pueblo que cuando “entren o pasen”  a los límites de la tierra que les juró daría el Señor,  se establecerá, si es que se guardan sus estatus y ordenanzas,  un compromiso  con Dios para bendición personal  y  ejemplo para otros pueblos:

 Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste,  y casas llenas de todo bien, que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares que no plantaste, y luego que comas y te sacies,  cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.  A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás. (Deut. 6:10-11)

Los que no entran, aunque hayan sido llamados a entrar, al quedarse en los límites de la tierra de Dios,  de las promesas de Dios, sólo podrán ver, aunque anhelantes y de lejos, lo que han conseguido los que  venciendo al temor, se han comprometido con Dios.

Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.  Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado.  Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo.  (Éxodo, 19:5-8)

Por lo tanto, si el término compromiso, se usa para describir la obligación que un individuo contrae o la palabra que empeña  para cumplir con tal o cual acción.  La  pregunta  es  esta:  ¿Eres de los que se comprometen y entran o de los que no entran, al  no querer comprometerse?   La respuesta: Tu mismo, la tienes.

 Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.  Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?  Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. (Juan, 6:66-68)

No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.  Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.  Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. (Juan, 17:16-18)

 

Que la Gloria  sea siempre para nuestro Dios.

 

 

 

 

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