Marido y mujer

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Entonces, Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo...

 

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Marido y mujer
17-05-2007 - Antonio Sellés

Fotografía: Marido y mujer

Entonces, Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán,
y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.

Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo
una mujer, y la trajo al hombre.

Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos
carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del
varón fue tomada.

Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre,
y se unirá su mujer, y serán una sola carne.
(Génesis 2:21-24)


Sin duda alguna el matrimonio fue constituido por Dios. Nuestro creador deseó, que juntos, hombre y mujer, formásemos una unidad indestructible. Quiso Dios que fuésemos un sola carne. (Marcos 10:8)

En su infinita sabiduría, el Señor, proveyó en uno, lo que adolecía el otro.

Nunca jamás ha habido una unión tan fuerte y duradera como el matrimonio, aunque algunos opinen lo contrario. El Señor lo instituyó en el principio y Jesucristo lo ratificó en su venida. (Marcos 10:9)

Todo matrimonio, además de amarse y respetarse, tiene el deber de reprobar (con amor) cualquier conducta censurable de uno de los cónyuges, cuando esta se produzca, sin importar que sea el esposo o la esposa el que la motive; fortaleciendo así el vínculo que les une a través de la sinceridad y honestidad.

Tenemos como ejemplo el relato de lo ocurrido a un matrimonio, miembros de la Iglesia de Jerusalen, en tiempos de los Apóstoles.

Ananías y su esposa Safira, aprentemente convertidos a Cristo, dejaron pasar la oportunidad de corregirse mutuamente, y ambos, de común acuerdo, mintieron al Espíritu Santo.

Uno, quizá podría dudar, (al ser tentado por Satanás) incluso planear la forma de burlar a Dios; pero el otro, tenía la obligación de recordarle a su cónyuge, que debían amar a Dios sobre todas las cosas y que Dios no puede ser burlado; pero no fue así, y ambos aunque eran miembros de la primera Iglesia; quizá testigos de los milagros y maravillas, que el Señor hacia por mano de los Apóstoles, debido a la falta cometida, tuvieron un juicio y una muerte prematura. (Hechos 5:1-11)

Otro ejemplo, muy distinto del anterior, también se encuentra en el libro de Hechos; este nos muestra a Aquila y Priscila; ambos amaban a Dios y ambos dedicaban su tiempo para el Señor, juntos (como matrimonio) fueron capaces de corregir (con tacto y amor) a un varón elocuente, poderoso en el conocimiento de las Escrituras como era Apolos, porque ambos se apoyaban en el Señor, de tal manera que cuando uno dudaba, el otro le animaba y fortalecía, formando una unidad en Cristo Jesús. (Hechos 18:1-3) y (Hechos 18:24-28)

La sola carne que quiso el Señor que fuera el matrimonio.

Marido, no dudes en consolar a tu esposa, cuando haya sido herida, ni en sostenerla cuando flaqueen sus fuerzas, ni tampoco corregirla, cuando pase por alto la voluntad del Señor, porque haciendo, esto la ayuda idónea que el Señor nos provee a través de ella, nunca dejará de ser.

Mujer, no permitas que tu esposo se sienta solo e incomprendido, cuando todo se levante contra él al querer hacer la voluntad del Señor; tampoco permitas que para agradar a los hombres, deje de hacer aquello para lo que fue llamado, recuerda que eres ayuda idónea para él, y que ayudar significa además de consolar y aceptar; exhortar, corregir, amonestar, y muchas cosas mas.

Porque si ambos, tomados de la mano, llenos de amor y respeto el uno por el otro, con la ayuda del Señor Jesucristo, podreis hacer frente a todos los retos que se presenten en vuestra vida.

Porque como esta escrito:

Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.

Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡hay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.

También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; más ¿cómo se calentará uno solo? y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto. (Eclesiastés 4:-9-12)


La Gloría sea siempre para nuestro Dios.

Fotografía: Antonio Sellés
Antonio Sellés
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