Obediencia y Sujeción

Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no es provechoso.   (Hebreos, 13:17)

Recientemente tuve una conversación con una persona que quiso comentar conmigo y saber mi opinión sobre la respuesta que obtuvo de alguien, al que durante una charla informal, le preguntó el motivo que tuvo para dejar de congregarse en el lugar donde prácticamente había “nacido de nuevo” (que es lo que se suponía) para reunirse en otro lugar.

La respuesta a su pregunta fue esta: “Me he ido porque yo creo en Dios y no en los hombres”

Así que, ante tan escueta respuesta me quede reflexionando unos momentos y le dije:

Mira, intuyo que lo que te quiso decir esa persona, con esa concisa frase, que rezuma arrogancia y soberbia, y a la que añadiría un poco de orgullo, es que no admite que nadie, y que en este caso creo que se trata de un pastor; del pastor o anciano de la congregación, le exhorte o corrija para nada, y se escuda o justifica, diciendo que solo cree en Dios; dando a entender que sólo se sujeta a Él porque los hombres que el Señor ha establecido quieren ocupar el lugar del Señor y esto no lo puede admitir.

Al irme a casa “dándole vueltas” a la respuesta que le dieron a esa persona, y la que le di yo, quise informarme de lo sucedido por si me hubiera podido equivocar en el “diagnostico” al confiar demasiado, en mis más de 35 años de experiencia, y se tratara que en esa congregación hubiera falsa doctrina.

Pero no fue así, no se trataba de falsa doctrina, según me informé. No me falló mi intuición y experiencia. El hermano en cuestión ya venía “resabiado” de otra congregación; esta era la segunda a la que se integraba. Enterándome después, que la persona que “creía en Dios y no en los hombres” de nuevo había cambiado de congregación, era la tercera vez que ´”se trasladaba” y ahora está en otra, que esperemos sea la definitiva. ¿Sería también porque los pastores o ancianos (todos ellos) querían ocupar el lugar de Dios o lo que deseaba esa persona, era ocupar el lugar de los pastores?

Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.
He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.
Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.
Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.
Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
(Santiago, 3:1-10)

Todo esto me hizo recordar, lo que nos dijo un varón de Dios a mi esposa y a mí, al iniciar años atrás, nuestra andadura al servicio del Señor: Si os es posible, procurad no acoger a todos aquellos que viniendo de otras congregaciones, hablen mal de sus pastores, o hayan salido de ellas sin bendición, porque os traerán complicaciones.

Así que quiero romper una lanza, por todos aquellos obreros que han sido juzgados y desacreditados, simplemente por intentar aplicar el Orden de Dios y su Palabra en las congregaciones que el Señor les ha puesto a servir. (1ª Pedro, 3:12-16)

Sé que puede haber pastores o ancianos y de hecho los hay que se enseñorean de la congregación, (iglesia) ocupando un lugar que no les corresponde; (Ezequiel, 34: 10) pero también sé, que algunos miembros de las congregaciones tienen como deporte favorito el juicio, la crítica y la murmuración, sobre todo hacia sus pastores o ancianos. Todo lo contrario a lo que recomienda La Palabra de Dios:

Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.(Hebreos, 13:7)

En pocas palabras lo que les motiva contra los que el Señor ha establecido, es la rebelión.  (1ª Samuel, 15:23)

Estos son los que generalmente al exhortarles, suelen “trasladarse” a otra congregación (iglesia) que como han hecho la profesión de fe y bautizados, son admitidos y recibidos con las brazos abiertos, deseando curarles “las heridas” que les causaron en la anterior iglesia (congregación) y en concreto el pastor o anciano, “que se cree Dios”. Dando pié al recibirles, orgullosos, (aquí os comprendemos) a desacreditar sin pruebas, a hombres y mujeres que están dedicando su vida al servicio del Señor.  (Tim. 5:17-19)

Pero que al tiempo acontece lo que dejó escrito el apóstol Pedro: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. (2ª Pedro, 2:22)

Y acontece, porque no han salido con bendición, sino todo lo contrario; así que, lo que suele ocurrir es que, como no se puede dar lo que no se tiene, se da de lo que se tiene y lo que se tiene es juicio, críticas y murmuraciones.

Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. (Santiago, 1:26)

Comenzando de nuevo a iniciarse el ciclo en la iglesia (congregación) que les recibió con los brazos abiertos. Pero que todo esto no ocurriría, si la ética cristiana de la que presumimos muchos de nosotros, fuera real y no ficticia. Al entender en primer lugar los pastores, ancianos o líderes, que si hemos sido llamados al servicio del evangelio por el Señor, y predicamos la sana doctrina, estamos todos en el mismo bando, sin importar la denominación, organización o iglesia, por lo tanto, no tendríamos que permitir que nadie, sin pruebas fehacientes, denigrara a un compañero de milicia y menos acogerlo.

Lo cierto es que esto nunca pasará, porque nos sentimos muy orgullosos cuando acuden a nosotros “ovejas de otro rebaño” que aparentemente han sido maltratadas por “su pastor”.

Así que vamos a dejar las cosas como están, porque al tiempo, el Señor pondrá a cada uno en su lugar.

Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada:
Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.
(1ª Pedro 5: 1-4)

 

Que la gloria sea siempre para nuestro Dios.

 

 

 

3 comentarios sobre “Obediencia y Sujeción

  1. Pues si, lamentablemente es así, pero el Señor pone a cada uno en su sitio, como conozco un caso, Él honra a los que le honran.
    Hay que hablar la verdad, y si Quiere quedarse que se quede y sino que se vaya. Mucha gracias por el artículo. Bendiciones.

  2. Valiente reflexión y una gran verdad… si somo ovejas orgullosas y autosuficientes y si no tenemos en consideración las exhortaciones de los ancianos que interceden cada día por nosotros, con lágrimas…al final nos atrapa el león rugiente.. No podemos hacer responsbles de esto a nadie más que a nosotros mismos.

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