El que cree en mi, como dice la escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.
Ríos de Agua Viva
30-08-2008 - Antonio Sellés
El que cree en mi, como dice la escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.
(Juan 7:38)
Solemos mi esposa y yo, cada tarde que podemos, dar largos paseos por el campo. En uno de ellos, nos encontramos, a la salida de la ciudad donde vivimos, con un pastor amigo que me recordó que debía una visita a la congregación que dirige, instándome a que le diera fecha para esa visita.
Debido a su insistencia y sin pensarlo dos veces, le dije, “mañana mismo estaré con vosotros” y continuamos nuestro paseo.
Al momento, me quedé dudando y pensando que había hecho mal en comprometerme, ya que no tenía “nada preparado” ni tiempo prácticamente para preparar ninguna predicación; entonces me vino a la mente el verso que encabeza este artículo.
No le di mayor importancia, pero al regresar a casa, me puse a pensar en las palabras de Jesús... el que cree en mi, como dice la escritura, de su interior correrán ríos de agua viva...., preguntándome ¿de que forma hay que creer en Jesús, para que ocurra lo que asegura que le ocurrirá, a todos los crean en él?
Abrí mi Biblia y leí y releí, todo lo que pude encontrar sobre como se debe creer en Jesús, pero nada de lo que leía, me convencía; tenía la sensación que estaba buscando lo que no debía.
Así que dejé las notas y los apuntes que había tomado, y me fui a la cama.
Al día siguiente, después de haber terminado mi jornada laboral, me senté de nuevo ante mis notas y mi Biblia; faltaban unas cuatro horas para el inicio de la reunión a la que me había comprometido asistir, y de momento, entendí que no se trataba de cómo se debía creer en Jesús, sino que, lo quería el Señor que compartiera esa tarde, se trataba del cambio que se debe producir en nosotros al haber aceptado (creído) en Jesús como nuestro Salvador y Señor.
Asegura el Señor, que del interior de todo aquel que en Él cree, una vez que haya recibido el Espíritu Santo, correrán ríos de agua viva. (Juan 7:37-39)
Y según declara la Palabra de Dios, del único lugar del que debía salir un río de agua viva es del futuro Templo de Jerusalén. (Ezequiel 47:1); (Zacarías 14:8); (Apocalipsis 22:1-2)
Pero resulta que, (según la Palabra de Dios) una vez que el Espíritu Santo viene a morar en nosotros, llegamos a ser, Templo de Dios. (1 Corintios 3:16); (1 Corintios 6:19)
Y que para que corran de nuestro interior esos ríos de agua viva, de los que hablaba el Señor Jesucristo, tenemos que ser semejantes en todo, al “Templo de Jerusalén” según nos da a conocer todo lo relacionado con él, la Palabra de Dios, a saber: la santidad, la alabanza, la adoración, la bendición, la dedicación, la justicia, el servicio, etc., era lo habitual; estando ocupados y dedicados a ello, todos los sacerdotes y levitas, las 24 horas de cada día, para exaltar y glorificar el nombre de Dios.
Así que llegué a entender, que no se trata de cómo creer en Jesús, para que de nuestro interior corran ríos de agua viva, sino que, (como ya sabemos) al creer en el Señor Jesucristo se recibe el Espíritu Santo, y este, nos transforma en Templo de Dios, tal como dice la escritura, y al ser Templo de Dios, toda la actividad anteriormente mencionada, que se realizaba diariamente en el Templo de Jerusalén, debe estar presente en nuestras vidas; para que sin ningún tipo de esfuerzo por nuestra parte, y de manera natural, broten de nuestro interior ríos de agua viva que corran libremente.
Agua viva que será de bendición, para pueblos, ciudades y naciones de toda la Tierra.
Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar. (Habacuc 2:14)
La Gloria sea siempre para el Señor.
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