El bronce de la fuente.

 

Deseaba el Señor, y así se lo hace saber  a Moisés durante el encuentro que mantuvieron ambos en el monte Sinaí, que construyera una tienda para que pudieran   hablar   los dos a solas,  cara a cara. Tabernáculo que  iba a ser para los israelitas,   la confirmación de la presencia de Dios en medio de su pueblo  (Éxodo, 33:11)

Y entre las cosas que debían formar parte del “mobiliario” de la tienda, debía de haber una pila   de agua para que los sacerdotes pudieran   lavarse   las manos y los pies antes de ejercer su oficio,  si no querían morir.

 Harás también una fuente de bronce, con su base de bronce, para lavar; y la colocarás entre el tabernáculo de reunión y el altar, y pondrás en ella agua. Y de ella se lavarán Aarón y sus hijos las manos y los pies.  Cuando entren en el tabernáculo de reunión, se lavarán con agua, para que no mueran; y cuando se acerquen al altar para ministrar, para quemar la ofrenda encendida para Jehová, se lavarán las manos y los pies, para que no mueran. Y lo tendrán por estatuto perpetuo él y su descendencia por sus generaciones(Éxodo, 30:18 -21)

Pero de lo que no me había dado cuenta, es que para la construcción de esta pila o fuente se emplearon los espejos (entonces eran generalmente de bronce o cobre  bruñido) de mujeres ejemplares y piadosas.

También hizo la fuente de bronce y su base de bronce, de los espejos de las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión. (Éxodo, 38:8) 

Mujeres que  voluntariamente se desprendieron de objetos personales y cercanos a su feminidad, para que la gloria de Dios se manifestara. Mujeres que nos les importó dejar de ver su rostro reflejado en un espejo, para que toda su gente,   pudiera  ver la gloria del  Dios de Israel.  En pocas palabras, mujeres de Dios*.

 Y puso la fuente entre el tabernáculo de reunión y el altar, y puso en ella agua para lavar. 
Y Moisés y Aarón y sus hijos lavaban en ella sus manos y sus pies.  Cuando entraban en el tabernáculo de reunión, y cuando se acercaban al altar, se lavaban, como Jehová había mandado a Moisés.  Finalmente erigió el atrio alrededor del tabernáculo y del altar, y puso la cortina a la entrada del atrio. Así acabó Moisés la obra.  Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo.  Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba. 
(Éxodo, 40:30-35)

¿Y tú, lector, de que cosa personal estás dispuesto a desprenderte, para que la gloria de Dios se manifieste?

 

¡¡PIÉNSALO!!

 

*La tradición rabínica dice, que al principio, Moisés, no quería usar los espejos, porque habían servido a la vanidad femenina, pero Dios le recordó que la mujer había compartido la amargura de la esclavitud de su esposo en Egipto y había hecho todo lo posible para alegrarlo. Entonces Moisés aceptó los espejos, utilizando el metal para la construcción de la pila.

 

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