Vuestros ancianos, soñarán sueños

 

Ha llegado la época estival, y con ella, los campamentos para los jóvenes. Campamentos donde se supone que son los espacios ideales para que nuestros jóvenes  reciban un empujoncito más en su caminar con Cristo; para que conozcan jóvenes de otros lugares con el mismo sentir, el de servir  al Señor Jesucristo.

Son el futuro, y como Iglesia,  queremos que lleguen a él convenientemente preparados y llenos del Espíritu Santo, tal cual lo especifican las Escrituras, tanto en el libro de Joel como en el de Hechos.  

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El primer amor

 

 Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. 

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Caminando con Dios

 

Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, y si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños; porque Jehová vuestro Dios os está probando, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma. 

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La Voz de mi Amado

Durante la lectura del Cantar de los Cantares de Salomón,  quedé sorprendido  al ver que se cortaba de  manera súbita,  el precioso y poético dialogo entre Salomón y la sulamita, intercalando  a modo de cuña,   la siguiente oración:

Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en ciernes. (Cantares, 2:15)

Pero al volver a releer lo leído, entendí, que una relación, por hermosa que sea, puede llegar a tener fin  por cosas o situaciones a las que no se les suele dar  importancia. 

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¿Y qué de la fe?

 

De todos es conocido el primer verso del capítulo once   del libro de Hebreos,  en el cual, se nos dice que la fe, es la  completa seguridad de  recibir todo aquello  que se espera,  aunque de momento no se vea.

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (Hebreos, 11:1)

También de todos es conocido lo que el Señor les dijo a sus discípulos, cuando estos le pidieron que les aumentara la fe:

Entonces el Señor dijo: si tuviereis fe  como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.

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El poder del reino de Dios

Al haber llegado a los oídos del apóstol Pablo las “incorrecciones”  que se estaban produciendo en la iglesia de Corinto, se dirige a ellos a través de unas epístolas para corregir los yerros y poner un poco de orden hasta que él les visitara,  recordándoles quien era y en que condición se había presentado por primera vez  ante ellos:

Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. 

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