Decir, lo que se sabe sentir.

Me contó un hermano con el que me une una estrecha y fuerte amistad, que años atrás, tuvo una esclarecedora experiencia sobre la seguridad de que al predicar o dar a conocer el evangelio de Jesucristo, este, puede  llegar al corazón de los oyentes dispuestos a oír, sin (en ocasiones) importar mucho quien dé a conocer el mensaje:

Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad. 

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Salvador y Señor

Menciona el apóstol Pedro en la segunda de las epístolas (cartas) que lleva su nombre, una serie de recomendaciones para todos aquellos que hayan alcanzado la justicia de Dios a través de la fe en Jesucristo.

Para que a través de la firmeza en quien han creído, alcancen grandes y preciosas promesas, que además les abrirán las puertas del Reino.

Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.

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Plantadores de Iglesias

Se está oyendo desde ya hace un tiempo una frase que cada vez va a más, y que ya no solo es una frase hecha, sino que es la definición de alguien que se dedica a una determinada tarea dentro del mundo evangélico, la de plantador de iglesias.

No sé si lo de “plantador” tiene algo que ver con la parábola del sembrador, que aunque el significado sea parecido no es exactamente igual.

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Pedantes en la Oración

Creo que todos los que lean este pensamiento, estarán de acuerdo con este servidor, que para orar ni se necesita cambiar el tono de voz, ni utilizar solemnes o rimbombantes palabras. Como si, según con que tono o con que palabras, el Señor respondiera o no, a las oraciones.

San Pablo, y eso que era san Pablo, dirigiéndose a los corintios les dijo:

Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.

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