La Puerta.

 

 

Tuvo  el Señor Jesús, como en otras tantas ocasiones, que hablar en alegorías (de manera figurada) para que le entendiera la mayor cantidad de gente posible. En este caso habló de puertas.  Porque ¿qué es una puerta, si no una abertura que permite acceder al interior de un lugar, donde lo desconocido al cruzarla pasa a ser conocido?

Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

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Comamos y bebamos….

 

Hasta en dos  ocasiones podemos  encontrar  en la Biblia,  la tan conocida  frase: “Comamos y bebamos porque mañana moriremos”.

La primera  de ellas se encuentra en el libro del profeta Isaías, cuando este,  al darles a conocer a los israelitas lo que el Señor le había mostrado en visión, en cuanto a lo que les iba a acontecer debido a sus rebeliones, no le creyeron, y  en vez de arrepentirse y clamar a   Dios por misericordia, organizaron  banquetes al  tomar  las palabras del profeta a chanza:

 Por tanto, el Señor, Jehová de los ejércitos, llamó en este día a llanto y a endechas, a raparse el cabello y a vestir cilicio;  y he aquí gozo y alegría, matando vacas y degollando ovejas, comiendo carne y bebiendo vino, diciendo: Comamos y bebamos, porque mañana moriremos.

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Padre vuestro.

 

 

Una de las cosas que más me gustan del Señor Jesús (aunque me gustan todas) es que no se mordía la lengua cuando enseñando, ponía los puntos sobre las íes.

Dejó muy claro lo que se debía tener en cuenta  sobre la  tan en boga “paternidad”. Y no sólo para el tiempo que estuvo caminando sobre la Tierra, sino también para nuestro tiempo.

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Guarda tu corazón.

 

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. (Prov. 4:23)

Oí  decir, no hace mucho,  que el corazón es como un armario en el que guardamos a lo largo de nuestra vida,  infinidad de cosas; y entre ellas,  algunas  buenas y otras malas.  Cosas,  que llegado el momento de abrir  “el armario” nos sorprenden, porque ignorábamos  que aún permanecían en él.

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Dioses ajenos.

 

De regreso Jacob a su tierra, una vez cumplido su compromiso con Labán su tío, el Señor le recuerda a Jacob la promesa que en Bet-el  le hizo años atrás cuando huía de su hermano Esaú:

E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. 

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