La Medida con la que (a los demás) Medimos

 

 De  las cosas que más adolecemos los cristianos,   a pesar  de que el mismo Señor Jesucristo, nos advirtió de la necesidad  de que no faltara,  (Mateo, 18:21-22) es de perdón.  Sin embargo de lo que solemos andar muy sobrados, es de juzgar y condenar a los demás.

No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.

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El primer amor

 

 Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. 

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La Voz de mi Amado

Durante la lectura del Cantar de los Cantares de Salomón,  quedé sorprendido  al ver que se cortaba de  manera súbita,  el precioso y poético dialogo entre Salomón y la sulamita, intercalando  a modo de cuña,   la siguiente oración:

Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en ciernes. (Cantares, 2:15)

Pero al volver a releer lo leído, entendí, que una relación, por hermosa que sea, puede llegar a tener fin  por cosas o situaciones a las que no se les suele dar  importancia. 

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¡¡Que no te paren!!

Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.  Porque ni aun sus hermanos creían en él. [versi]43 7:2-5[/versi]

No sé si en alguna ocasión nos hemos detenido a pensar que sentiría el Señor Jesús, al ver que no solo sus conciudadanos, [versi]40 13:54-58[/versi] sino que sus hermanos, tampoco creían en él.

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Herman@s que bendicen con su presencia

Durante una conversación informal que mantuvimos un reducido número de hermanos en la fe, uno de ellos,  José Luis,  nos compartió la necesidad  y lo bueno que es para los creyentes el congregarse. Y sobre todo,  congregarse para orar. Y al orar, orar en voz alta y comprensible,  para animar  a los demás.

Añadiendo, que no ya sólo orando nos animamos  y bendecimos unos a otros, sino que hay herman@s que con su sola  presencia animan y bendicen a otros.

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