Unos a otros, animaos.

 

 

Recomienda el apóstol Pablo a los creyentes de Tesalónica,  que sigan  animándose  y edificándose  unos a otros tal como lo estaban haciendo.

Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis. (1 Tesa. 5:11)

Y lo recomienda, después de haberles recordado de qué manera fueron a ellos y como, con la ayuda y respaldo de Dios, les predicaron La Palabra para alcanzar a muchos de ellos.

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Gota a gota.

 

Leí recientemente un artículo,  en el que se menciona que en los años 30 del pasado siglo, un inmigrante judío advirtió un árbol creciendo en el desierto del Néguev, sin agua que lo regara. Extrañado,  Simja Blass  que así se llamaba el inmigrante, cavó alrededor del árbol y descubrió un caño averiado que enviaba pequeñas gotas de agua a sus raíces.

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La enseñanza.

 

…Y toda la gente venía a él, y les enseñaba. (Marcos, 2:13)

Aconteció que después de haberle perdonado los pecados  al paralítico de Capernaum y de haberle sanado, la gente seguía  a Jesús. (Marcos, 2:1-12)

No menciona el evangelista el motivo; pero muy bien podríamos pensar, que tal vez lo seguían para ver si lograban estar presentes cuando hiciera algún otro milagro.

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El bronce de la fuente.

 

Deseaba el Señor, y así se lo hace saber  a Moisés durante el encuentro que mantuvieron ambos en el monte Sinaí, que construyera una tienda para que pudieran   hablar   los dos a solas,  cara a cara. Tabernáculo que  iba a ser para los israelitas,   la confirmación de la presencia de Dios en medio de su pueblo  (Éxodo, 33:11)

Y entre las cosas que debían formar parte del “mobiliario” de la tienda, debía de haber una pila   de agua para que los sacerdotes pudieran   lavarse   las manos y los pies antes de ejercer su oficio,  si no querían morir.

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El remanente de Dios.

 

Menciona el apóstol san Pablo en la epístola  a los romanos, haciendo alusión a lo  sucedido  a Elías con los profetas de Baal, que en el tiempo que escribió dicha  epístola,  al igual que en los tiempos de Elías, el Señor se había guardado un remanente de personas  fieles a Él.

“…… ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo: 
Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado, y procuran matarme? 

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Temiendo (reverentemente) a Dios.

 

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

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