La integridad.

En el primer capítulo del libro de Daniel, encontramos el relato de lo sucedido a cuatro adolescentes judíos, que como botín de guerra se llevaron a la corte de Babilonia, intentado al cambiarles su nombre, asimilarles a su cultura y a sus dioses…

… Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos.

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La fila de la vida.

 

 

Me llamó la atención lo que alguien colocó en un medio digital, y que a continuación, aunque resumido, transcribo:

Cada minuto alguien deja este mundo atrás.

Todos estamos en “la fila” y a veces sin llegar a saberlo.

Nunca sabremos cuántas personas están delante de nosotros.

No podemos movernos al fondo de la fila.

No podemos salirnos de la fila.

No podemos evitar la fila.

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Con justo juicio.

En el evangelio de san Juan, encontramos al Señor Jesús “conversando” con unos judíos, que, por haber sanado a un hombre paralítico en día de reposo, (Juan, 5:1-9) sin conocerle, le habían juzgado y condenado:

Si recibe el hombre la circuncisión en el día de reposo, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo sané completamente a un hombre? 

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Entendiendo La Palabra.

 

El entendido en la Palabra hallará el bien, y el que confía en Jehová es bienaventurado. (Proverbios, 16:20)

Recientemente alguien me dijo que a pesar de llevar bastante tiempo leyendo la Biblia,  no llegaba a entenderla totalmente.

Al no haberle preguntado, no sé si  se refería a tener un conocimiento  intelectual de ella  o entenderla, para llevarla a la práctica.

Lo que sí sé, es que, como le dijo el Señor Jesús a un intérprete de la ley,   ya sea para una cosa o para  otra, si ponemos en práctica todo aquello que hemos llegado a entender (por poco que sea) de La Palabra de Dios,  ganaremos mucho:   

Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?

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Todo tiene su tiempo.

 

Considera el autor de Eclesiastés que: Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. (Ecles. 3:1)

Dando para ello, una lista de situaciones, actitudes  y circunstancias, que dependen unas de Dios y otras de los hombres, pero todas y cada una de ellas tienen que ver con los hombres.  (Ecles. 3:2-9)

Una de estas circunstancias, debido a la situación que se encuentra actualmente la humanidad por el fatídico Coronavirus llamado  Covid-19, es la de que ahora,  es “tiempo de abstenerse de abrazar”.

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