El secreto de tu nombre.

 

Uno de mis “muchos amigos” en  Facebook, encantado con lo que había descubierto, (yo no tanto)   me invitó hace unas fechas, a conocer el significado de mi nombre. Para ello debía visitar una página web que en concreto decía: TU PERSONALIDAD SEGÚN TU NOMBRE-DESCUBRE EL SECRETO DE TU NOMBRE.

Debía colocar mi nombre en un recuadro e inmediatamente, después de haber “hecho clic” y sin importar cultura, nacionalidad o estudios, obtendría la definición de mi personalidad.

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Dos o tres.

 

Les menciona el Señor Jesús a sus discípulos, durante una interesante charla que mantuvieron sobre el perdón,  que  si dos de ellos se pusieran de acuerdo  acerca de “cualquier cosa”  que pidieran a su  Padre, les sería concedida. Puntualizando que debían reunirse en su nombre, un mínimo de dos o tres personas,  para que el “quórum” ya que Él estaría presente, fuera suficiente.

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Unos a otros, animaos.

 

 

Recomienda el apóstol Pablo a los creyentes de Tesalónica,  que sigan  animándose  y edificándose  unos a otros tal como lo estaban haciendo.

Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis. (1 Tesa. 5:11)

Y lo recomienda, después de haberles recordado de qué manera fueron a ellos y como, con la ayuda y respaldo de Dios, les predicaron La Palabra para alcanzar a muchos de ellos.

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Gota a gota.

 

Leí recientemente un artículo,  en el que se menciona que en los años 30 del pasado siglo, un inmigrante judío advirtió un árbol creciendo en el desierto del Néguev, sin agua que lo regara. Extrañado,  Simja Blass  que así se llamaba el inmigrante, cavó alrededor del árbol y descubrió un caño averiado que enviaba pequeñas gotas de agua a sus raíces.

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La enseñanza.

 

…Y toda la gente venía a él, y les enseñaba. (Marcos, 2:13)

Aconteció que después de haberle perdonado los pecados  al paralítico de Capernaum y de haberle sanado, la gente seguía  a Jesús. (Marcos, 2:1-12)

No menciona el evangelista el motivo; pero muy bien podríamos pensar, que tal vez lo seguían para ver si lograban estar presentes cuando hiciera algún otro milagro.

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El bronce de la fuente.

 

Deseaba el Señor, y así se lo hace saber  a Moisés durante el encuentro que mantuvieron ambos en el monte Sinaí, que construyera una tienda para que pudieran   hablar   los dos a solas,  cara a cara. Tabernáculo que  iba a ser para los israelitas,   la confirmación de la presencia de Dios en medio de su pueblo  (Éxodo, 33:11)

Y entre las cosas que debían formar parte del “mobiliario” de la tienda, debía de haber una pila   de agua para que los sacerdotes pudieran   lavarse   las manos y los pies antes de ejercer su oficio,  si no querían morir.

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