Orar sin desmayar

 

Debido a que muchos de los seguidores de Jesús (los de antes y los de ahora) después de varios intentos, sin obtener el resultado deseado,  se cansan de orar, el Señor Jesús, como solía hacer, “enseña” a través de una parábola  la necesidad de orar siempre sin desmayar, es decir,  sin desalentarse.

….Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. 

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Reseña ( y algo más) de un viaje

 

.… Como me envió el Padre, así  también yo os envío.  (Juan, 20:21)

Invitados por un matrimonio amigo, además de hermanos en Cristo, pisamos por primera vez mi esposa y yo, suelo norteamericano. Sabíamos adónde íbamos pero no sabíamos que planes tenía el Señor para nosotros. Aunque lo que si sabíamos, era  que,  el Señor,  siempre que nos ha hecho mover de “nuestro lugar” ha sido con  un propósito.

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Bienaventurados

 

En el evangelio de san Mateo, encontramos al Señor Jesús inmerso   en los negocios de su Padre: Enseñaba en las sinagogas, predicaba el evangelio del reino por las calles  y sanaba toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. (Lucas, 2:49) 

Y al difundirse su fama por toda la región, le trajeron a todos los que tenían todo tipo de enfermedades  y dolencias, incluso a  los endemoniados, lunáticos y paralíticos, sanándoles a todos, y debido  a esto, mucha gente le siguió.

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Con oración y ayuno.

            

 Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo: 
Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.
Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar.
Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa!

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La oración, una carta a Dios

Le pidieron a Jesús sus  discípulos, que les enseñara a orar convenientemente. Al ser todos ellos judíos, orar sabían, pero lo que querían era que sus oraciones llegaran a su destinatario, (Juan, 11:42) al igual que llegaban las de su Maestro Jesús.

Así que les enseñó una oración que les sirviera como modelo, para dirigirse a Dios,   El Padre Nuestro:

Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 

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