¿Actores o espectadores?

 

Al disponer el Señor Jesús, de corto tiempo para preparar a sus discípulos, aprovechaba cualquier lugar y momento para instruirles a través de magistrales y edificantes charlas, sobre los negocios del Padre. Animándolos (además) no sólo a creer en Dios, cosa que ya hacían, sino a que creyeran también en Él. (Juan, 14:1) Les dijo también, (entre otras muchas cosas) que nadie podría ir al Padre, si no era a través de Él.

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Acán y el manto babilónico*.

 

 

 

Una vez cruzado el río Jordán, haber circuncidado Josué a todos los varones, y celebrado la pascua, se alistaron los israelitas para comenzar la conquista de la Tierra que el Señor les había prometido.  La primera ciudad que debían tomar era Jericó, y debían hacerlo siguiendo las instrucciones del Señor:

Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. 

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En parábolas.

 

Acercándose el Señor Jesús a sus discípulos, antes de ascender a los cielos, les dijo:  Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.  Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

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Limosna, oración y ayuno.

 

 

Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba….  (Mateo, 5:1-2)

Durante el tiempo que el Señor Jesucristo compartió con sus discípulos, la enseñanza impartida en el llamado Sermón del Monte, alcanzó tal nivel, que a lo largo de los siglos no ha dejado a nadie indiferente por su alto contenido moral y/o espiritual.

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