Dos o tres.

 

Les menciona el Señor Jesús a sus discípulos, durante una interesante charla que mantuvieron sobre el perdón,  que  si dos de ellos se pusieran de acuerdo  acerca de “cualquier cosa”  que pidieran a su  Padre, les sería concedida. Puntualizando que debían reunirse en su nombre, un mínimo de dos o tres personas,  para que el “quórum” ya que Él estaría presente, fuera suficiente.

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La voz de Jesús.

 

 

Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,  así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.  También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. (Juan, 10:14-16)

Después de haberle devuelto la vista Jesús aun ciego de nacimiento untándole los ojos con barro hecho con su saliva, (Juan, 9:6-7) tuvo que aclararles quien era y cuál  era su cometido, al  enjambre de fariseos que siempre revoloteaban alrededor de Él, buscando la ocasión para acusarle de blasfemo.

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Con Temor y temblor

 

                   

Una vez que David consolidó su trono, parece ser que se olvidó de su humana debilidad. Condición que no se pierde aunque se sea rey  y aguerrido general como él lo era.  Olvidando también de donde había salido hasta llegar al lugar  donde ahora se encontraba y quien lo había aupado a ese lugar.

Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; 
y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra.

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Unos a otros, animaos.

 

 

Recomienda el apóstol Pablo a los creyentes de Tesalónica,  que sigan  animándose  y edificándose  unos a otros tal como lo estaban haciendo.

Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis. (1 Tesa. 5:11)

Y lo recomienda, después de haberles recordado de qué manera fueron a ellos y como, con la ayuda y respaldo de Dios, les predicaron La Palabra para alcanzar a muchos de ellos.

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Piedras, como testigos mudos.

 

 

Entrando el  Señor Jesús en  Jerusalén montado en un pollino, la gente gozosa,  alababa a Dios a grito pelado. Cosa que molestándose algunos fariseos se dirigieron a Jesús para que reprendiera e hiciera callar a sus discípulos, a lo que el Señor respondiéndoles, les dijo: Si estos callaran, las piedras clamarían. (Lucas, 19:35-40)

¿A que podría referirse el  Señor Jesús, cuando dijo que las piedras clamarían, si los discípulos callaban, ya que clamar es pedir o requerir algo con desesperación?

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A Moisés y a los profetas tienen.

 

 

Se encuentra en el evangelio del médico Lucas, una parábola que el Señor Jesús dirige a sus discípulos: La del rico y Lázaro.

Es esa breve narración, Jesús expone una serie de principios a tener en cuenta. Y aunque toda ella es más que  interesante,  vamos a centrarnos en los últimos versos de esta porción bíblica debido a que también  en los tiempos de Jesús, las gentes, para creer en la realidad de la Palabra de Dios, necesitaban evidencias.

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