Gota a gota.

 

Leí recientemente un artículo,  en el que se menciona que en los años 30 del pasado siglo, un inmigrante judío advirtió un árbol creciendo en el desierto del Néguev, sin agua que lo regara. Extrañado,  Simja Blass  que así se llamaba el inmigrante, cavó alrededor del árbol y descubrió un caño averiado que enviaba pequeñas gotas de agua a sus raíces.

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La enseñanza.

 

…Y toda la gente venía a él, y les enseñaba. (Marcos, 2:13)

Aconteció que después de haberle perdonado los pecados  al paralítico de Capernaum y de haberle sanado, la gente seguía  a Jesús. (Marcos, 2:1-12)

No menciona el evangelista el motivo; pero muy bien podríamos pensar, que tal vez lo seguían para ver si lograban estar presentes cuando hiciera algún otro milagro.

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Un becerro, en lugar de Dios.

 

 

Se encontraba Moisés recibiendo instrucciones de Dios  en lo alto del monte Sinaí, cuando de repente el Señor  le  dice:

 Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. 
Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto
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El bronce de la fuente.

 

Deseaba el Señor, y así se lo hace saber  a Moisés durante el encuentro que mantuvieron ambos en el monte Sinaí, que construyera una tienda para que pudieran   hablar   los dos a solas,  cara a cara. Tabernáculo que  iba a ser para los israelitas,   la confirmación de la presencia de Dios en medio de su pueblo  (Éxodo, 33:11)

Y entre las cosas que debían formar parte del “mobiliario” de la tienda, debía de haber una pila   de agua para que los sacerdotes pudieran   lavarse   las manos y los pies antes de ejercer su oficio,  si no querían morir.

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¿De qué es tiempo ahora?

 

“La religión moderna se enfoca en llenar la iglesia de gente. El verdadero evangelio se enfatiza en llenar a la gente de  Dios” A. W. Tozer

 Desde que el pasado domingo compartiera lo que le aconteció a Giezi, servidor de  Eliseo profeta de Dios,  al solicitarle (dicho servidor)  de manera mentirosa, a Naamán general del ejército sirio,  recién sanado de  lepra,  un importante presente “en metálico” en nombre de su señor  Eliseo, me inquietó el contenido de la “reprimenda”  que  el profeta Eliseo le soltó a su criado Giezi; informándole  a la vez  de las consecuencias  que le iban a acarrear  su (mala) acción:

……..

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