Pedir, y no recibir.

 

En la epístola universal de Santiago, se encuentra un versículo, que, durante algún tiempo me intrigó:  Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. (Santiago, 4:3)

Todo lo contrario, a lo dicho por el Señor Jesús a sus discípulos: … Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. (Juan, 16:24)

Y aunque parezca una incongruencia, porque por una parte se insta a “pedir, para recibir” y por otra, en  un regaño, “pedís, y no recibís” creo, que, las palabras que el Señor Jesús dirigió a sus discípulos, antes de ser entregado, pueden ayudarnos en este, (podríamos decir) dilema.

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La integridad.

En el primer capítulo del libro de Daniel, encontramos el relato de lo sucedido a cuatro adolescentes judíos, que como botín de guerra se llevaron a la corte de Babilonia, intentado al cambiarles su nombre, asimilarles a su cultura y a sus dioses…

… Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos.

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Cuando Dios cambia el corazón.

 

 

He aquí el breve relato de dos hombres, que, en su juventud, el Señor les mudó el corazón; para que, uno como rey y otro como apóstol, establecieran, aunque de distinta manera, su señorío.  Así que veamos que nos dicen las Escrituras en cuanto este asunto:

Se menciona, en el primero de los libros de Samuel, lo acontecido a un joven de la tribu de Benjamín, que yendo en busca de unas asnas que se le habían extraviado a su padre, se encontró con Dios….

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Los días de Noé.

 

Al preguntarle los fariseos a Jesús, cuando había de venir el reino de Dios, respondiéndoles, les dice: El reino de Dios, no vendrá con advertencia, (señales visibles) porque el reino de Dios, ya está (y no se habían dado cuenta) entre vosotros.  (Lucas, 17:20-21)

A continuación, dirigiéndose a sus discípulos, les alerta  (a ellos y a nosotros) de las  circunstancias que se darán  en el mundo, para “propiciar” su segunda venida:

Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre.

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La fila de la vida.

 

 

Me llamó la atención lo que alguien colocó en un medio digital, y que a continuación, aunque resumido, transcribo:

Cada minuto alguien deja este mundo atrás.

Todos estamos en “la fila” y a veces sin llegar a saberlo.

Nunca sabremos cuántas personas están delante de nosotros.

No podemos movernos al fondo de la fila.

No podemos salirnos de la fila.

No podemos evitar la fila.

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