La Voz de mi Amado

Durante la lectura del Cantar de los Cantares de Salomón,  quedé sorprendido  al ver que se cortaba de  manera súbita,  el precioso y poético dialogo entre Salomón y la sulamita, intercalando  a modo de cuña,   la siguiente oración:

Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en ciernes. (Cantares, 2:15)

Pero al volver a releer lo leído, entendí, que una relación, por hermosa que sea, puede llegar a tener fin  por cosas o situaciones a las que no se les suele dar  importancia. 

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¿Y qué de la fe?

 

De todos es conocido el primer verso del capítulo once   del libro de Hebreos,  en el cual, se nos dice que la fe, es la  completa seguridad de  recibir todo aquello  que se espera,  aunque de momento no se vea.

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (Hebreos, 11:1)

También de todos es conocido lo que el Señor les dijo a sus discípulos, cuando estos le pidieron que les aumentara la fe:

Entonces el Señor dijo: si tuviereis fe  como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.

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El poder del reino de Dios

Al haber llegado a los oídos del apóstol Pablo las “incorrecciones”  que se estaban produciendo en la iglesia de Corinto, se dirige a ellos a través de unas epístolas para corregir los yerros y poner un poco de orden hasta que él les visitara,  recordándoles quien era y en que condición se había presentado por primera vez  ante ellos:

Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. 

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¡¡Que no te paren!!

Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.  Porque ni aun sus hermanos creían en él. [versi]43 7:2-5[/versi]

No sé si en alguna ocasión nos hemos detenido a pensar que sentiría el Señor Jesús, al ver que no solo sus conciudadanos, [versi]40 13:54-58[/versi] sino que sus hermanos, tampoco creían en él.

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¿Quién no enferma?

A pesar de gozar de una excelente salud, practicar deporte durante años, no fumar, no excederme en comidas  ni bebidas,  y  sin antecedentes familiares,  sufrí un infarto.

Todo comenzó a partir de un suave,  aunque molesto y persistente dolor en el pecho, que se presentaba de cuando en cuando,  comenzando desde la parte superior de mi estómago, que creyendo que era debido a alguna mala digestión, lo intentaba calmar (ignorante de mi) a base de infusiones de manzanilla.

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Herman@s que bendicen con su presencia

Durante una conversación informal que mantuvimos un reducido número de hermanos en la fe, uno de ellos,  José Luis,  nos compartió la necesidad  y lo bueno que es para los creyentes el congregarse. Y sobre todo,  congregarse para orar. Y al orar, orar en voz alta y comprensible,  para animar  a los demás.

Añadiendo, que no ya sólo orando nos animamos  y bendecimos unos a otros, sino que hay herman@s que con su sola  presencia animan y bendicen a otros.

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