Unos a otros, animaos.

 

 

Recomienda el apóstol Pablo a los creyentes de Tesalónica,  que sigan  animándose  y edificándose  unos a otros tal como lo estaban haciendo.

Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis. (1 Tesa. 5:11)

Y lo recomienda, después de haberles recordado de qué manera fueron a ellos y como, con la ayuda y respaldo de Dios, les predicaron La Palabra para alcanzar a muchos de ellos.

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Piedras, como testigos mudos.

 

 

Entrando el  Señor Jesús en  Jerusalén montado en un pollino, la gente gozosa,  alababa a Dios a grito pelado. Cosa que molestándose algunos fariseos se dirigieron a Jesús para que reprendiera e hiciera callar a sus discípulos, a lo que el Señor respondiéndoles, les dijo: Si estos callaran, las piedras clamarían. (Lucas, 19:35-40)

¿A que podría referirse el  Señor Jesús, cuando dijo que las piedras clamarían, si los discípulos callaban, ya que clamar es pedir o requerir algo con desesperación?

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A Moisés y a los profetas tienen.

 

 

Se encuentra en el evangelio del médico Lucas, una parábola que el Señor Jesús dirige a sus discípulos: La del rico y Lázaro.

Es esa breve narración, Jesús expone una serie de principios a tener en cuenta. Y aunque toda ella es más que  interesante,  vamos a centrarnos en los últimos versos de esta porción bíblica debido a que también  en los tiempos de Jesús, las gentes, para creer en la realidad de la Palabra de Dios, necesitaban evidencias.

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Gota a gota.

 

Leí recientemente un artículo,  en el que se menciona que en los años 30 del pasado siglo, un inmigrante judío advirtió un árbol creciendo en el desierto del Néguev, sin agua que lo regara. Extrañado,  Simja Blass  que así se llamaba el inmigrante, cavó alrededor del árbol y descubrió un caño averiado que enviaba pequeñas gotas de agua a sus raíces.

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La enseñanza.

 

…Y toda la gente venía a él, y les enseñaba. (Marcos, 2:13)

Aconteció que después de haberle perdonado los pecados  al paralítico de Capernaum y de haberle sanado, la gente seguía  a Jesús. (Marcos, 2:1-12)

No menciona el evangelista el motivo; pero muy bien podríamos pensar, que tal vez lo seguían para ver si lograban estar presentes cuando hiciera algún otro milagro.

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