El secreto de tu nombre.

 

Uno de mis “muchos amigos” en  Facebook, encantado con lo que había descubierto, (yo no tanto)   me invitó hace unas fechas, a conocer el significado de mi nombre. Para ello debía visitar una página web que en concreto decía: TU PERSONALIDAD SEGÚN TU NOMBRE-DESCUBRE EL SECRETO DE TU NOMBRE.

Debía colocar mi nombre en un recuadro e inmediatamente, después de haber “hecho clic” y sin importar cultura, nacionalidad o estudios, obtendría la definición de mi personalidad.

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Tibieza espiritual

 

Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca. (Apoc. 3:15-16) NVI.

Este es el mensaje que no sólo se le da a la iglesia de Laodicea, sino a todos aquellos de nosotros que en cuanto a lo espiritual nos encontramos en un estado intermedio, ni frío ni caliente, y por lo tanto tibios.

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Dos o tres.

 

Les menciona el Señor Jesús a sus discípulos, durante una interesante charla que mantuvieron sobre el perdón,  que  si dos de ellos se pusieran de acuerdo  acerca de “cualquier cosa”  que pidieran a su  Padre, les sería concedida. Puntualizando que debían reunirse en su nombre, un mínimo de dos o tres personas,  para que el “quórum” ya que Él estaría presente, fuera suficiente.

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La voz de Jesús.

 

 

Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,  así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.  También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. (Juan, 10:14-16)

Después de haberle devuelto la vista Jesús aun ciego de nacimiento untándole los ojos con barro hecho con su saliva, (Juan, 9:6-7) tuvo que aclararles quien era y cuál  era su cometido, al  enjambre de fariseos que siempre revoloteaban alrededor de Él, buscando la ocasión para acusarle de blasfemo.

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Con Temor y temblor

 

                   

Una vez que David consolidó su trono, parece ser que se olvidó de su humana debilidad. Condición que no se pierde aunque se sea rey  y aguerrido general como él lo era.  Olvidando también de donde había salido hasta llegar al lugar  donde ahora se encontraba y quien lo había aupado a ese lugar.

Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; 
y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra.

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