Jabes y su oración.

 

En la cronología de los hijos o descendientes de Judá, (1 Crónicas, 4:1-23)  encontramos un paréntesis para hablarnos de un personaje llamado Jabes que se nos dice que fue más ilustre que sus hermanos. Asegurando algunos escritores  judíos,  que fue un eminente  doctor de la Ley. Y  que al atraer,  debido a su fama,   a  tantos  escribas a su lado,  llegaron  a llamar Jabes a su ciudad, en honor a él.   

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Temiendo (reverentemente) a Dios.

 

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

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Ordena tu casa

 

Estuve recientemente acompañando a un pastor amigo al que habían invitado a compartir La Palabra en una localidad cercana a la mía. Palabra la que expuso mi amigo,  que me hizo reflexionar  sobre la importancia de tener siempre “ordenada la casa” y no me refiero a tener en optimas condiciones de limpieza  y orden,  nuestro hogar. Si no a nosotros mismos,  a la “casa” mencionada en la segunda epístola dirigida a los corintios:

Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.

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Las normas de Dios.

 

Todos los estudiosos de la Biblia  conocen  lo acontecido a Jesús con Nicodemo, que además de fariseo, era un hombre principal  entre los judíos.  Así y todo, lo vamos a recordar:

Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.
Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

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Conservando la identidad.

 

 

Se menciona en el primer capítulo del libro de Daniel, lo ocurrido a él (Daniel) y a otros tres jóvenes que fueron llevados cautivos a Babilonia.  Sus captores  les llevaron al palacio del rey,  mudaron  su dieta alimenticia y cambiaron sus nombres hebreos por otros babilónicos,  en un  claro intento de   cambiarles  su identidad. (Daniel, 1:3-7)

Identidad de la que no estaban  dispuestos a renunciar y  que les llevó a no temer enfrentarse al poder real,  debido a los vínculos que les unían con el Dios de Israel.  

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Desanimados.

 

Tuve recientemente una conversación con un  hermano en Cristo, el  cual me confesó que estaba  desanimado y sin ganas  de hacer nada. Y aunque no me lo dijera, entendí que estaba  evaluando apartarse del  ministerio;  dejar de trabajar para  el Señor. Labor a la que tiempo atrás, al llamado del Señor,  ilusionado se incorporó.

Porque el desánimo, como todos sabemos, es ausencia  de  ánimo; y que el ánimo  es la capacidad que tenemos los humanos de experimentar emociones,  afectos y comprensión.

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