El valor de la amistad.

 

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. (Juan, 15:13)

Como de amigos y amistad vamos a tratar, sería conveniente definir ambos conceptos; así que veamos:

El término amigo se utiliza para nombrar a una persona hacia la que se siente afecto o aprecio y se considera confiable e incluso confidente. Es la persona con la que se mantiene una relación de amistad, la cual implica ciertos valores como el respeto, la sinceridad y el apoyo mutuo.

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Olvidando a Dios.

 

 

En el cántico* que Moisés dirige a los israelitas, antes de tomar posesión de la tierra prometida, les advierte de manera “predictiva” sobre algunas actitudes y conductas, que, de no tener en cuenta, iban a deteriorar su relación con el Creador.  Destacando en dicho cántico, como inequívoca señal, la siguiente frase:  De la Roca que te creó te olvidaste; Te has olvidado de Dios tu creador.

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Separando lo que Dios juntó.

 

 

Parece ser, que, en el tiempo en que el Señor Jesús anduvo sobre la tierra, ya se daban situaciones parecidas a las que se dan actualmente en España, aunque tal vez con cifras menos escandalosas, ya que más de ochenta mil parejas españolas se divorciaron, separaron o solicitaron la nulidad matrimonial, durante el pasado 2020.

Y digo parece ser, por la pregunta que, sobre el divorcio, le hicieron unos fariseos al Maestro de Galilea.

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El demonio de la envidia

 

 

Me gusta ojear tratados y artículos sobre psicología, y en uno de ellos encontré que a pesar de que las visitas a los profesionales de esta disciplina han aumentado considerablemente, debido al estrés, depresión, ansiedad, tristeza severa e incluso desórdenes o trastornos emocionales, prácticamente nadie acude al psicólogo porque tiene envidia.  Cuando todo ello, en muchos casos, pudiera ser, resultado de la envidia.

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Altares.

Al leer de nuevo en el libro de Esdras, el regreso a Israel de los deportados por el rey Nabucodonosor a Babilonia, setenta años antes, (Jeremías, 29:10) reparé, (captó mi atención) que, una vez establecidos en las diferentes ciudades los israelitas que regresaron a su tierra, (no todos los cautivos regresaron) antes de comenzar a reconstruir el templo, temerosos de que los pueblos vecinos (todos ellos paganos) les impidieran llevar a cabo lo que el Señor había puesto en sus corazones, levantaron y asentaron el altar de Dios sobre su base, para ofrecer diariamente sacrificios sobre él: 

Cuando llegó el mes séptimo, y estando los hijos de Israel ya establecidos en las ciudades, se juntó el pueblo como un solo hombre en Jerusalén.

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