Legumbres y agua.

 

 

 

Era Daniel uno de los jóvenes que Nabucodonosor rey de Babilonia, una vez tomada Jerusalén  llevó cautivos a su reino, para ser educados en las costumbres caldeas y sirvieran delante de él.

Para ello, según relatan las Escrituras,  debían se nobles y  tener un físico agradable, además de  poseer sabiduría, ciencia y buen entendimiento  para poder  aprender con facilidad  las letras y la lengua  caldea.

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Recompensa de Profeta.

 

 

Se detallan en el evangelio de san Mateo, una serie de recompensas para todos aquellos  que de una manera u otra, reciban o hagan algún bien  a los  seguidores del Señor Jesucristo.

El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá.  

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La Confianza.

 

 

Antes de pasar por la cruz, el Señor Jesús tuvo una serie de “charlas” con sus  discípulos en las que les dejó claras algunas cosas de las que dudaban  y otras que  ignoraban, diciéndoles que lo hacía para que no tuvieran ningún tropiezo y confiaran en él: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

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Un altar en el Jordán.

 

 

Desde que hace unos meses oí un mensaje  sobre altares, no he dejado de pensar y meditar en la exposición de dicho mensaje y su contenido; sobre todo de lo acontecido en el paso del río Jordán por las huestes de Israel.

Paso del Jordán que el Señor  no quiso que quedara en el olvido de las gentes de Israel, ni que Josué general en jefe de dichas huestes tampoco quiso que quedara en el olvido de la naturaleza, porque incluso la naturaleza, la creación de Dios, está esperando la liberación de los hijos de Dios, como menciona san Pablo en su carta a los romanos:

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. 

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Se les llamó cristianos (por primera vez)

 

 

 

 

Recientemente,  en un programa de radio,  oí mencionar una profesión totalmente  desconocida por  mí; dicha  profesión,  la de “nombrador”  que así se llama parece ser que se encuentra desde hace un tiempo en auge.

Al entrevistar al “nombrador”  que además es poeta, explicó que su profesión consistía en dar nombre a algún producto, actividad o cosa, para que en una sola palabra cupiera todo lo que “esa cosa” actividad o producto pudiera  significar.

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