En Tu luz….

 

Encontramos en el salmo 36, la oda en que el rey David (aunque prácticamente todos y cada uno de los salmos son odas a Dios) asegura que en la luz del creador, veremos la luz:

¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas.  Serán completamente saciados de la grosura de tu casa, Y tú los abrevarás del torrente de tus delicias.  

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Un toque de Dios.

 

 

En un reciente congreso misionero al que asistí, el presentador y moderador del evento, abrió dicho congreso lanzando al aire, entre otras,  unas palabras que más bien fueron un interrogante   para mí;  estas fueron sus palabras:    ¿Compramos lo que vendemos?

Fue en mi opinión, un reto que  dejó caer, como el que no lo quiere, para que nos diéramos cuenta de lo importante que es vivir todo aquello que enseñamos.

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El Dios exclusivo.

 

 

Una vez que los israelitas ya libres de la esclavitud de Egipto,  alimentados milagrosamente en el desierto con maná, pan del cielo que no conocían y saciada su sed con el agua cristalina que brotó de la peña de Horeb, les  llega el momento de formalizar la relación que a partir de ese día iban a tener con el Dios de sus padres, el   Dios  de Abraham, el Dios de Isaac y  el Dios de Jacob. 

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El portarse varonilmente.

 

 

En el último capítulo de la primera de las epístolas que Pablo dirigió a los corintios, les recomienda (a los varones)  entre otras cosas, y a manera de despedida, que se porten varonilmente:

Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. (1 Cort. 16:13)

Entendiendo (les dice) que a  dicha actitud, le debía  preceder convicción y  firmeza en la fe,   además de  trabajar la  voluntad (esforzarse) para llevar a cabo su recomendación;   porque pudiera ser que al sobrevenir de repente alguna   tentación, no se esté  tan firme como se cree.

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Escuchen o dejen de escuchar.

 

 

Releyendo el libro del Ezequiel, me quedé de nuevo sorprendido con la familiaridad con que el Señor le habla al profeta Ezequiel. Familiaridad que pensando en lo bueno, hubiera querido para mí.

Aunque muy bien me podría aplicar lo dicho por el Señor a Ezequiel al enviarle  a exhortar a los israelitas; y no sólo yo, sino todos aquellos que comisionados por el Señor tienen la oportunidad de dar a conocer la Palabra de Dios a las gentes, la escuchen o la dejen de escuchar.

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