Piedras, como testigos mudos.

 

 

Entrando el  Señor Jesús en  Jerusalén montado en un pollino, la gente gozosa,  alababa a Dios a grito pelado. Cosa que molestándose algunos fariseos se dirigieron a Jesús para que reprendiera e hiciera callar a sus discípulos, a lo que el Señor respondiéndoles, les dijo: Si estos callaran, las piedras clamarían. (Lucas, 19:35-40)

¿A que podría referirse el  Señor Jesús, cuando dijo que las piedras clamarían, si los discípulos callaban, ya que clamar es pedir o requerir algo con desesperación?

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A Moisés y a los profetas tienen.

 

 

Se encuentra en el evangelio del médico Lucas, una parábola que el Señor Jesús dirige a sus discípulos: La del rico y Lázaro.

Es esa breve narración, Jesús expone una serie de principios a tener en cuenta. Y aunque toda ella es más que  interesante,  vamos a centrarnos en los últimos versos de esta porción bíblica debido a que también  en los tiempos de Jesús, las gentes, para creer en la realidad de la Palabra de Dios, necesitaban evidencias.

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Un becerro, en lugar de Dios.

 

 

Se encontraba Moisés recibiendo instrucciones de Dios  en lo alto del monte Sinaí, cuando de repente el Señor  le  dice:

 Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. 
Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto
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¿De qué es tiempo ahora?

 

“La religión moderna se enfoca en llenar la iglesia de gente. El verdadero evangelio se enfatiza en llenar a la gente de  Dios” A. W. Tozer

 Desde que el pasado domingo compartiera lo que le aconteció a Giezi, servidor de  Eliseo profeta de Dios,  al solicitarle (dicho servidor)  de manera mentirosa, a Naamán general del ejército sirio,  recién sanado de  lepra,  un importante presente “en metálico” en nombre de su señor  Eliseo, me inquietó el contenido de la “reprimenda”  que  el profeta Eliseo le soltó a su criado Giezi; informándole  a la vez  de las consecuencias  que le iban a acarrear  su (mala) acción:

……..

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Y los nueve ¿Donde están?

 

 

Menciona Lucas en su evangelio el encuentro  que tuvo Jesús con diez leprosos.  Ocurrió al entrar Jesús en una aldea  entre Samaria y y Galilea, cuando se dirigía a Jerusalén.

De lejos, porque no podían acercarse a la gente debido a su enfermedad, alzando la voz,  le piden  al Señor misericordia para ellos. Cuando Jesús les oyó, sin mediar ninguna palabra más, les dice que vayan y se muestren a los sacerdotes, tal y como estaba establecido en la ley de Moisés,  dando por sentado el Señor Jesús su sanidad. 

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