Sabios de corazón.

 

Meditando en las instrucciones que el Señor le da a Moisés en el monte Sinaí, al llegar al punto al cual el Señor le indica a Moisés quienes iban a llevar a cabo todo lo que le estaba mostrando, me fijé en algo que anteriormente había pasado por alto. Tal vez el Señor quería  que ahora fuera mi momento. El momento de prestar atención a algo que le dijo a Moisés, y de rebote, que con toda humildad lo digo, me abrió los ojos.

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Hasta el fin.

 

 

Cuesta muchos sentarse delante de un papel en blanco (ahora delante de una pantalla de ordenador) e intentar plasmar no ya solo reflexiones, si no todo aquello que entiendes puede ser útil a todos los que de una manera u otra han conocido al Señor.

Sobre todo para tratar de explicar los motivos que alegan  algunos para alejarse de la iglesia, a pesar de que   afirmen “que del Señor jamás” actitud no muy coherente, según la Palabra de Dios:

Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. 

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Tibieza espiritual

 

Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca. (Apoc. 3:15-16) NVI.

Este es el mensaje que no sólo se le da a la iglesia de Laodicea, sino a todos aquellos de nosotros que en cuanto a lo espiritual nos encontramos en un estado intermedio, ni frío ni caliente, y por lo tanto tibios.

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La voz de Jesús.

 

 

Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,  así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.  También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. (Juan, 10:14-16)

Después de haberle devuelto la vista Jesús aun ciego de nacimiento untándole los ojos con barro hecho con su saliva, (Juan, 9:6-7) tuvo que aclararles quien era y cuál  era su cometido, al  enjambre de fariseos que siempre revoloteaban alrededor de Él, buscando la ocasión para acusarle de blasfemo.

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