Cuando Dios cambia el corazón.

 

 

He aquí el breve relato de dos hombres, que, en su juventud, el Señor les mudó el corazón; para que, uno como rey y otro como apóstol, establecieran, aunque de distinta manera, su señorío.  Así que veamos que nos dicen las Escrituras en cuanto este asunto:

Se menciona, en el primero de los libros de Samuel, lo acontecido a un joven de la tribu de Benjamín, que yendo en busca de unas asnas que se le habían extraviado a su padre, se encontró con Dios….

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Los días de Noé.

 

Al preguntarle los fariseos a Jesús, cuando había de venir el reino de Dios, respondiéndoles, les dice: El reino de Dios, no vendrá con advertencia, (señales visibles) porque el reino de Dios, ya está (y no se habían dado cuenta) entre vosotros.  (Lucas, 17:20-21)

A continuación, dirigiéndose a sus discípulos, les alerta  (a ellos y a nosotros) de las  circunstancias que se darán  en el mundo, para “propiciar” su segunda venida:

Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre.

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El valor de la amistad.

 

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. (Juan, 15:13)

Como de amigos y amistad vamos a tratar, sería conveniente definir ambos conceptos; así que veamos:

El término amigo se utiliza para nombrar a una persona hacia la que se siente afecto o aprecio y se considera confiable e incluso confidente. Es la persona con la que se mantiene una relación de amistad, la cual implica ciertos valores como el respeto, la sinceridad y el apoyo mutuo.

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Olvidando a Dios.

 

 

En el cántico* que Moisés dirige a los israelitas, antes de tomar posesión de la tierra prometida, les advierte de manera “predictiva” sobre algunas actitudes y conductas, que, de no tener en cuenta, iban a deteriorar su relación con el Creador.  Destacando en dicho cántico, como inequívoca señal, la siguiente frase:  De la Roca que te creó te olvidaste; Te has olvidado de Dios tu creador.

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