Vuestros ancianos, soñarán sueños

 

Ha llegado la época estival, y con ella, los campamentos para los jóvenes. Campamentos donde se supone que son los espacios ideales para que nuestros jóvenes  reciban un empujoncito más en su caminar con Cristo; para que conozcan jóvenes de otros lugares con el mismo sentir, el de servir  al Señor Jesucristo.

Son el futuro, y como Iglesia,  queremos que lleguen a él convenientemente preparados y llenos del Espíritu Santo, tal cual lo especifican las Escrituras, tanto en el libro de Joel como en el de Hechos.  

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Caminando con Dios

 

Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, y si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños; porque Jehová vuestro Dios os está probando, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma. 

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¿Y qué de la fe?

 

De todos es conocido el primer verso del capítulo once   del libro de Hebreos,  en el cual, se nos dice que la fe, es la  completa seguridad de  recibir todo aquello  que se espera,  aunque de momento no se vea.

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (Hebreos, 11:1)

También de todos es conocido lo que el Señor les dijo a sus discípulos, cuando estos le pidieron que les aumentara la fe:

Entonces el Señor dijo: si tuviereis fe  como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.

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El poder del reino de Dios

Al haber llegado a los oídos del apóstol Pablo las “incorrecciones”  que se estaban produciendo en la iglesia de Corinto, se dirige a ellos a través de unas epístolas para corregir los yerros y poner un poco de orden hasta que él les visitara,  recordándoles quien era y en que condición se había presentado por primera vez  ante ellos:

Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. 

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¿Quién no enferma?

A pesar de gozar de una excelente salud, practicar deporte durante años, no fumar, no excederme en comidas  ni bebidas,  y  sin antecedentes familiares,  sufrí un infarto.

Todo comenzó a partir de un suave,  aunque molesto y persistente dolor en el pecho, que se presentaba de cuando en cuando,  comenzando desde la parte superior de mi estómago, que creyendo que era debido a alguna mala digestión, lo intentaba calmar (ignorante de mi) a base de infusiones de manzanilla.

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