¿Donde están tus frutos?

 

Durante una conversación telefónica que mantuve hace unas fechas con  un hermano en la fe, me confesó al sincerarse conmigo,  que se sentía culpable  por no haber podido llevar a nadie  nuevo  a su iglesia. Entendiendo (es lo que me imagino)  que se refería llevarlos a  los pies de Jesucristo.  Aunque, después de haberle  oído, tengo la impresión,   de que más bien, le hacían sentirse culpable.

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Jabes y su oración.

 

En la cronología de los hijos o descendientes de Judá, (1 Crónicas, 4:1-23)  encontramos un paréntesis para hablarnos de un personaje llamado Jabes que se nos dice que fue más ilustre que sus hermanos. Asegurando algunos escritores  judíos,  que fue un eminente  doctor de la Ley. Y  que al atraer,  debido a su fama,   a  tantos  escribas a su lado,  llegaron  a llamar Jabes a su ciudad, en honor a él.   

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Ordena tu casa

 

Estuve recientemente acompañando a un pastor amigo al que habían invitado a compartir La Palabra en una localidad cercana a la mía. Palabra la que expuso mi amigo,  que me hizo reflexionar  sobre la importancia de tener siempre “ordenada la casa” y no me refiero a tener en optimas condiciones de limpieza  y orden,  nuestro hogar. Si no a nosotros mismos,  a la “casa” mencionada en la segunda epístola dirigida a los corintios:

Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.

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Las normas de Dios.

 

Todos los estudiosos de la Biblia  conocen  lo acontecido a Jesús con Nicodemo, que además de fariseo, era un hombre principal  entre los judíos.  Así y todo, lo vamos a recordar:

Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.
Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

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Desanimados.

 

Tuve recientemente una conversación con un  hermano en Cristo, el  cual me confesó que estaba  desanimado y sin ganas  de hacer nada. Y aunque no me lo dijera, entendí que estaba  evaluando apartarse del  ministerio;  dejar de trabajar para  el Señor. Labor a la que tiempo atrás, al llamado del Señor,  ilusionado se incorporó.

Porque el desánimo, como todos sabemos, es ausencia  de  ánimo; y que el ánimo  es la capacidad que tenemos los humanos de experimentar emociones,  afectos y comprensión.

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Sirviendo a dos señores.

 

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas(Mateo, 6:24)

Esto es lo que literalmente dejó dicho el Señor Jesucristo, en cuanto a que se debería tener muy claro el sentido de permanencia; el de saber de quién somos y  a quién servimos.

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