El libro de la Ley.

 

El templo de Jehová, en Jerusalén, estaba prácticamente en ruinas debido al abandono y a la desidia de los distintos reyes de Judá. Necesitaba ser restaurado y rehabilitado, por lo que el joven rey Josías encargó al gobernador de Jerusalén, que consiguiera las personas y los medios necesarios para su total reparación y restauración. (2 Crón. 34:8-13)

Durante el transcurso de las obras, se encontraron con algo que ni los mismos sacerdotes aparentemente, sabían que existía.  Hallaron en un rincón del Templo de Jerusalén y tal vez entre cascotes, el libro de la Ley de Dios, que había sido transcrito por Moisés:

Y al sacar el dinero que había sido traído a la casa de Jehová, el sacerdote Hilcías halló el libro de la ley de Jehová dada por medio de Moisés. Y dando cuenta Hilcías, dijo al escriba Safán: Yo he hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. Y dio Hilcías el libro a Safán.  Y Safán lo llevó al rey, y le contó el asunto, diciendo: Tus siervos han cumplido todo lo que les fue encomendado.  Han reunido el dinero que se halló en la casa de Jehová, y lo han entregado en mano de los encargados, y en mano de los que hacen la obra. Además de esto, declaró el escriba Safán al rey, diciendo: El sacerdote Hilcías me dio un libro. Y leyó Safán en él delante del rey.

Luego que el rey oyó las palabras de la ley, rasgó sus vestidos; Y mandó a Hilcías y a Ahicam hijo de Safán, y a Abdón hijo de Micaía, y a Safán escriba, y a Asaías siervo del rey, diciendo: Andad, consultad a Jehová por mí, y por el remanente de Israel y de Judá, acerca de las palabras del libro que se ha hallado; porque grande es la ira de Jehová que ha caído sobre nosotros, por cuanto nuestros padres no guardaron la palabra de Jehová, para hacer conforme a todo lo que está escrito en este libro. (2 Crónicas, 34:14-21) 

Libro que Moisés mandó fuera colocado junto al arca de la alianza, para que no se olvidara el pacto que el Señor había establecido con su pueblo:  Y cuando acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en un libro hasta concluirse, dio órdenes Moisés a los levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, diciendo: Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti. (Deut. 31:24-28)

Al igual que fue el mismo Señor quien estableció que cuando Israel decidiera poner un rey sobre si para que gobernase, debería tener una copia del libro de la ley, del original, que cuidaban los levitas, para ponerla por obra:

Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas;  y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra;  para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel. (Deut. 17:18-20)

Pero tanto lo uno como lo otro, al paso del tiempo fue ignorado y finalmente olvidado. Los sacerdotes arrinconaron el libro de la Ley y ningún rey de Israel (la Biblia lo silencia) se hizo una copia del original para consultarlo. Por lo que la historia, (Oseas, 4:6) cuenta como les fue: El Templo de Jerusalén saqueado varias veces y dos veces destruido; el reino de Israel, de temido y poderoso, ha debilitado y dividido.  Y en cuanto a sus reyes, a pesar de estar advertidos. ¿cuál de ellos lo hizo peor? (1 Reyes, 9:1-9)

Ya que, al no tener en cuenta el libro de la Ley, el Templo de Jerusalén quedó “vacío de contenido” porque la gloria de Dios que al principio llenó el Templo, impidiendo a los sacerdotes ministrar,  (1Reyes, 8:10-11) abandonó el Santo Lugar; según lo relata el profeta Ezequiel en los capítulos del 8 al 12 de su libro, al darle más importancia, al Templo, que al que lo llenaba con su gloria.

Porque el Templo,  se construyó para que en él habitara el Señor, aunque nada lo podía ni lo puede contener, (1 Reyes, 8:27) y el libro, que se escribió para que el pueblo siguiera al pie de la letra lo establecido por el Señor, con el tiempo,  olvidaron el libro de la ley; dando más importancia al Templo (Marcos, 13:1-2) a las ceremonias y a las tradiciones que, a la Palabra de Dios:

Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes.  Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición (Marcos, 7:5-9)

A día de hoy también se da más importancia a “templos, modas con apariencia espiritual y, a doctrinas de hombres” que a la Biblia que contiene la voluntad de Dios para el hombre.

Cada vez se ven menos personas portando la Biblia (libro) cuando nos reunimos como Iglesia. Algunos alegan que no la necesitan al tenerla en una aplicación en su celular; por lo que no sabe si durante el servicio, la están leyendo o están comprobando su WhatsApp, Facebook, Twitter, Tiktok o cualquier otra aplicación. Cuando:

La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.   Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.  El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.  Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal. (Salmos, 19:7-10)  

Por lo que en algunos lugares o “templos” la gloria de Dios brilla por su ausencia a pesar de tener todo tipo de actividades, incluso musicales que, (se dice) son para la gloria de Dios. (Amós, 5:23-24) 

Cada vez, se escudriñan menos las Escrituras para comprobar si lo que se hace o dice, es acorde a la Palabra de Dios. (Hechos, 17:10-12)

Cuando la Escritura, que, al ser inspirada por Dios, es útil para impartir conocimiento, para convencer,  para enderezar lo torcido y  para educar;   es además,  el instrumento apropiado (idóneo) para que el hombre de Dios esté  bien pertrechado y enteramente preparado, para toda buena obra. (2 Tim. 3:16-17) 

Por lo que, al conocer que la Escritura es la Palabra de Dios revelada al hombre, al ser viva y eficaz, y penetrar (como espada de dos filos) hasta partir (separar) el alma del espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y poderosa para discernir y descubrir los pensamientos y las intenciones del corazón, (Hebreos 4:12) deberíamos (es lo que creo) leerla, meditarla y tenerla siempre en cuenta, porque la Palabra, de Dios salió y a Dios volverá:

Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.  Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.  Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.  (Isaías, 55:6-11)

Que la Gloria sea siempre para nuestro Dios.

4 comentarios sobre “El libro de la Ley.

  1. Aunque la Palabra de Dios se compara con el pan que nos sirve de alimento, pasan cosas contrarias con ellos. Cuánto más pan comes, menos hambre tienes. Pero cuánto más lees las Escrituras más hambre tienes de seguir leyendo.
    Gracias a Dios por su hermosa, poderosa y llena de sabiduría Palabra.

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