Bendiciones Perdidas

Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra.
Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.
(Deut. 28:1-2) 

Leí recientemente un artículo que trataba, sobre las bendiciones perdidas. Bendiciones que una vez perdidas, difícilmente pueden volver a recuperarse.

Porque, aunque nos cueste creerlo, (y nos cuesta) el Señor ha derramado bendiciones sobre nosotros, pero no hemos estado en disposición de poder recibirlas. La verdad es que perdemos más bendiciones de lo que nos podemos imaginar, ya que, una bendición trae otra bendición.

Al reflexionar sobre todo esto, mi mente comenzó a recordar situaciones en que se perdieron bendiciones que ya se estaban disfrutando, porque ¿Qué es una bendición, sino un regalo de Dios para nosotros? Así que veamos:

A la salida de Egipto, ya en el desierto, bendijo el Señor a los israelitas con un alimento nunca mejor dicho “caído del cielo”, llamado (como todos sabemos) maná; alimento con todos los nutrientes y vitaminas necesarias para mantener a su pueblo con el vigor y la fuerza necesaria, durante toda su estadía (40 años) en el desierto. Alimento (pan de cielo) que sin ningún tipo de esfuerzo cada día recogían. (Éxodo, 16:4)

Pan del cielo, que en un principio desecharon, reclamando al echarla de menos, la comida de Egipto. Comida con sabor a esclavitud; olvidando los malos tratos, los insultos, los latigazos, las humillaciones y su falta de libertad; (Números, 11:5-6) así que el rechazo de esa bendición trajo mucho dolor para gran número de ellos. (Números, 11:18-21)

Otro de los casos, lo encontramos en el 2º de los libros de Reyes:

El pueblo de Israel es llevado cautivo por el rey de Asiria, (2ª Reyes, 17:6) y en su lugar este rey hace traer a la tierra de Israel (la tierra prometida) gente extranjera, colonos, de Babilonia para que pueblen la tierra. Tierra que el Señor les había prometido a los israelitas y ahora esta gente idólatra, iba a disfrutar sin ningún esfuerzo, de una tierra que el Señor mismo había escogido para su pueblo. (2ª Reyes, 17:24)    Bendición que Israel perdió, al incumplir el pacto establecido por el Señor y desecharle como Dios. (Números, 11:18-21)

Bendición que hora estaba al alcance de la gente que trasladaron. Bendición que también perdieron en un principio, por ignorancia, (2ª Reyes, 17: 24-28) pero después por contumacia, al no tener en cuenta la ley del Dios de Israel. (2ª Reyes, 17: 32-35)

Y el caso más significativo fue el de los quinientos hermanos a los que a la vez, se les apareció resucitado, el Señor Jesucristo, (1ª Cor. 15:6) y que parece ser que de ellos, solo ciento veinte fueron bendecidos al estar esperando la promesa del Señor: El Espíritu Santo. (Hechos, 1:8)

Me pregunto, como hubiera sido el estruendo de haber sido llenos del Espíritu Santo los quinientos; porque si con sólo ciento veinte se conmocionó Jerusalén, tal vez hubieran sido sacudidos los cimientos de todos los pueblos y ciudades de Israel. (Hechos, 2:1-6)

Y que hubiera pasado, de ceñirse los colonos extranjeros a ley del Dios de Israel. Al igual que, si en el desierto, los israelitas, en vez de quejarse contra Dios, le hubieran dado gracias por el maná. Pienso que tal vez, tanto los unos como los otros, hubieran ido de bendición en bendición.

Actualmente muchos de nosotros también solemos perder muchas de las bendiciones de Dios; algunos por ignorancia, pero muchos otros, la gran mayoría, por no estar en el lugar donde el Señor las derrama, porque salvo excepciones, las bendiciones de Dios se derraman donde está el pueblo de Dios.

La de veces que hemos dejado pasar la bendición, al no acudir a una convocatoria con los hermanos, para bendecir y ser bendecidos. Y cuantas oportunidades de crecer, que hemos dejado pasar, sólo por comodidad y tal vez por apalancamiento y dejadez.

Porque ¿donde se puede encontrar el Señor, sino donde está su pueblo? Y ¿Dónde debe estar el pueblo de Dios, sino donde está su Dios?

El Señor, suele derramar sus bendiciones cuando su pueblo se reúne para adorarle, alabarle y bendecirle en espíritu y verdad. Por lo tanto deberíamos tener en cuenta, que, una oportunidad (en Cristo) perdida, puede ser también una bendición (de Cristo) perdida.

Aunque no sólo se pierden bendiciones, al no congregarnos con los hermanos, sino también durante los ratos de meditación a solas, que podíamos haber tenido con el Señor y los desechamos, para hacer en su lugar otras cosas, perdiendo la bendición de Dios. (Mateo, 6:6)

Así que de una manera o de otra, seguimos perdiendo bendiciones de Dios. Y a veces no preguntamos el porqué; y la respuesta tal vez sea esta: ¿Será porque estamos en otros menesteres, lejos de donde Dios vuelca su bendición?

Tal vez, deberíamos considerar en que lugar nos encontramos, para que a partir de ahora no se nos escapara ninguna bendición de Dios, y más, sabiendo, (según san Pedro) que fuimos llamados para que heredásemos bendición, porque la bendición, una vez en nuestras manos, sirve para poder bendecir a otros. (1ª Pedro, 3:8-9)

 

Que la Gloria sea siempre para nuestro Dios.

 

10 comentarios sobre “Bendiciones Perdidas

  1. Cada día, veo en mi vida la bendición de Dios. Y desde que lo asumí, al levantarme le presento el día al Señor, y al acostarme le doy las gracias por su bendición. Y sigo queriendo disfrutar de cada una de sus bendiciones.

  2. Solo de nosotros depende creer en la bendición, buscar la bendición, trabajar, perseverar, alimentar, anhelar ardientemente la bendición, luchar por ella, ser valiente y no desmayar en la espera; Dios es fiel si creemos, él cumplirá su promesa Josué 1:9 “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en donde quieras que vayas” que Dios cumpla la promesa de nuestra bendición no solo depende de él, sino que necesita de nosotros, de nuestra fe, nuestra preocupación, perseverancia y el esfuerzo que ponemos cada día para obtener la bendición tan esperada.

  3. Muy ilustrativo y acertado, muchas gracias querido pastor por aclararnos las ideas. BENDICIONES PARA TI Y HERMANOS DE VILLAJOIOSA!!!!!!!!!

  4. Pastor Antonio muy buenas noches um saludo cordial desde Perú-Callao.
    He estudiado sus predicas y son muy hermosas y guiadas por el Espíritu Santo. ¿Me permite usted dar sus enseñanzas al pueblo de “.Mi Nueva Jerusalen”? el Señor lo bendiga esperando su respuesta.

  5. Hola pastor, Dios me le continue bendiciendo. Quisiera saber algo… una profeta usada por Dios me dio una palabra de que un hombre seria mi esposo, mi actitud fue de total obediencia y ya que la persona ya me llamaba la atención decidi pelear mi bendición y orar por eso. La palabra fue dada a la otra persona y la misma se nego a que fuera de Dios. Hablo en oportunidades conmigo de que creeia pero sólo recibi desprecio, humillaciones y baja autoestima por esa situación. Conoci a un hombre de Dios que me ama, valora y me respeta y me pidio matrimonio. Usted que cree pastor? La otra persona perdio la bendición?

    • Estimada Alejandra, mi opinión es que cuando un profeta usado por Dios, como usted me dice, ya sea hombre o mujer, da una palabra de Dios, la palabra tiene que cumplirse, y si no se cumple, tendríamos que tener en cuanta lo que dice la Escritura. (Deute. 18:22)
      Además usted quería que se cumpliese la palabra que le dieron, precisamente con el hombre que le atraía y no era correspondida. Por lo tanto opino que no se preocupe más de la otra persona. Y siéntase bendecida de que un hombre de Dios la ama, valora y respeta, y que además desea hacerla su esposa. Quizá la profecía tal vez fuera en esa dirección y por un error sentimental de cálculo se desvió. Que el Señor la bendiga y guarde.

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