Con oración y ayuno.

            

 Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo: 
Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.
Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar.
Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá.
Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora.
Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.
Pero este género no sale sino con oración y ayuno.
(Mateo, 17:14-21)

He compartido esta porción de las Escrituras,  en  varias ocasiones, utilizando este texto o los similares que se encuentran en  Marcos,  9:14- 29  o  en Lucas, 9:37-43.  Y para ello he echado mano de  una experiencia personal que me ayudó en gran manera para comprender el sentido del “toque de atención”  del   Señor Jesús,  “Pero este género no sale…” al explicarles  a sus discípulos,  el porqué  de  no haber podido  liberar al muchacho.

Así que….

Durante mi juventud, mi deporte favorito fue el judo. Deporte que practiqué durante varios años,  entrenando casi diariamente para mantenerme en forma,  y no solo en las técnicas de  dicha práctica deportiva,  sino para estar en óptimas condiciones físicas.

En ese tiempo conocí al  Señor, y al oír su llamado,  el judo  quedó en mi pasado. Pero a los pocos meses de haber dejado el judo, y por lo tanto mi entrenamiento y preparación física, recibí  una llamada de mi entrenador y amigo, (al tiempo  aceptó al Señor junto a su familia)   preguntándome si aún estaba en vigor mi licencia federativa, y al contestarle que sí, me rogó  que por favor, participara sólo una vez más en una importante competición, ya que el equipo que  preparaba,  tenía varios  lesionados y me necesitaba como suplente.

Pues bien, acepté. Y a pesar de estar federado, de conocer los nombres de cada uno de los movimientos de dicha disciplina deportiva y  de haberlas practicado durante muchos años, sufrí una humillante derrota.

Y la sufrí,  por no estar convenientemente preparado.  Mi preparación física era nula en ese tiempo. Tampoco me ayudó que   la misma mañana de la convocatoria,  me tomara un fuerte complejo vitamínico,  ni el  haber repasado  mentalmente las  técnicas  de competición que conocía,  etc.,  de nada   sirvió todo esto, pues no pude con mi contrincante;  pero aprendí una importante lección que me ayudó a comprender el sentido de  “con oración y ayuno” para salir airoso de toda contienda, a partir de ahora, espiritual, al no tener que volver a enfrentarme, con nadie que vistiera un “judogi”.

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. (Efesios, 6:12)

Figuradamente, igual les pasó a los primeros discípulos, pero en este caso, “entrenados para  otro tipo de competición”  Ya que,  a pesar de estar en todos los eventos en que participaba su Maestro,  de tener conocimiento de La Palabra,  de haber visto maravillas y milagros,  e incluso habiendo recibido autoridad de parte de su Maestro sobre los demonios y para sanar enfermedades. (Lucas, 9:1-6)  No pudieron poco tiempo después, liberar de un demonio a un muchachito.

Y simplemente no pudieron, porque en vez de orar cuando su Maestro oraba, ellos dormían.  (Mateo, 26:40) Y cuando  su  Maestro  aseguraba que no tenía ni donde reposar la cabeza, (Lucas, 9:57-58)   Ellos anhelaban conseguir honores y bienes terrenales, en vez de  abstenerse de  dichos deseos.  (Mateo, 20:21-22).

Porque de nada sirve el  conocimiento y entrenamiento bíblico, ni  el  asistir regularmente a servicios religiosos, ni  las acreditaciones eclesiásticas, y demás cosas,  si no van acompañadas de oración y ayuno, según el Señor Jesús.

Porque la oración,  es relación con Dios.  Relación que nos lleva a confiar  plenamente en Dios, con la seguridad de que lo que le pidamos se nos va a conceder. Y que por lo tanto,  el resultado de oración+relación+confianza en Dios, es igual a FE. (Hebreos, 11:1) Y con fe, por muy poca que  esta sea, (como un grano de mostaza) se pueden hacer grandes cosas.

Y en cuanto el ayuno no solo se trata de abstenerse de los alimentos que nutren nuestro cuerpo, porque ya sabemos  de qué poco le sirvió,  a un fariseo que ayunaba dos veces por semana  y que se  justificaba delante del  Señor por ello. (Lucas, 18:10-14) Sino de lo que se trata, además de abstenerse de alimentos llegado el caso,  es de de tener (y esto siempre) una mente y un corazón puro  delante del Señor, para conseguir su bendición. (Salmos, 24:3-5)

Y como en la Palabra de Dios, tenemos la mejor guía para saber qué tipo de ayuno es el que le gusta al Señor, pienso que valdría la pena seguir su dirección:

¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. 
He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?

Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad; y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan. (Isaías, 58:3-11)

Por eso recomendó el Señor oración y ayuno, para que sus discípulos pudieran vencer  “a  ese tipo género espiritual” que ha venido a hurtar, matar y destruir. Pero no con cualquier tipo de oración y ayuno,  sino,  con la oración que nos identifica como  hijos de Dios, (1 Juan, 5:14) y  con el ayuno que nos libera de ataduras de indiferencia  e impiedad hacia nuestros semejantes. (Romanos, 13:10)

Porque realmente lo que se espera de nosotros es que vivamos como el Señor vivió, que digamos lo que él dijo, y hagamos lo que él hizo. Porque cualquier verdad entendida, puede ser obtenida. Y Él es el camino, la verdad y la vida.

Así que, de nosotros depende.

 

Que la Gloria sea siempre para nuestro Dios.

 

 

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