La Obediencia, el mejor Pacto.

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Tuve hace algún tiempo la oportunidad de conocer a un joven que hizo un pacto con Dios, según me contó. Este joven junto a su esposa, se encontraba visitando una congregación muy exitosa por el número...

 

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La Obediencia, el mejor Pacto.
30-06-2011 - Antonio Sellés

Fotografía: La Obediencia, el mejor Pacto.

Tuve hace algún tiempo la oportunidad de conocer a un joven que hizo un pacto con Dios, según me contó.

Este joven junto a su esposa, se encontraba visitando una congregación muy exitosa por el número de miembros que tenía y por el mover del Espíritu en ese lugar. Allí se había recibido y se practicaba la doctrina “del pacto”, doctrina que apenas conozco, pero intuyo de lo que se trata.

Pues bien, me decía que allí, en cada reunión la gente subía al estrado testificando que habían pactado con Dios y habían recibido lo pactado; generalmente eran cuestiones económicas y materiales, así que motivado por los testimonios que continuamente se daban, decidió emocionado, pactar una herencia que aunque muy dudosa, esperaba poder recibir, cosa que ocurrió pasado un corto tiempo. (Génesis 28:20-22)

Cumpliendo su parte del pacto, entregó la herencia recibida (el valor económico de ella) en manos de los líderes de esa congregación y regresó ilusionado a su país, esperando que el Señor también cumpliera con su parte. Alquiló un local, lo habilitó convenientemente y esperaba que el Señor le ayudara y enviara los que iban a ser salvos, para que él como pastor les guiara en el camino de salvación. Esa era la parte de Dios.

Al año, cuando le conocí, y me contó lo que estoy relatando, ya había cerrado el local debido a que la asistencia había sido nula. Me quedé a la vez que pensativo, triste. Pensativo, porque a menudo tomamos decisiones que creyendo tener la aquiescencia de Dios no la tenemos; y triste, porque, el llamado y ministerio de este frustrado varón, pudiera haberse resentido por la situación creada.

Desde entonces no he sabido nada mas de él.

Estoy seguro que en alguna ocasión, hemos oído mencionar, la importancia de pactar con Dios; incluso sabemos de personas que enseñan y proclaman la importancia de esa acción, porque pactar, según el Diccionario de uso del español, de María Moliner, es: Decidir dos a mas personas una cosa en la que están todos conformes y que todos se comprometen a cumplir.

Aunque a menudo, y por ignorancia, el pacto suele ser unilateral; es decir solo se busca el propio interés, creyendo que se puede comprometer otro, al obligarle con nuestra propia decisión de pactar, a cumplir lo que nosotros esperamos de él, sin haberlo previamente acordado.

Queriendo comprometer incluso si se pudiera al Señor; y repito, que por ignorancia, al creer poder obligarle a que haga lo que nos proponemos; considerando (sin consultarle) que al haber decidido previamente y aportado nuestra parte del pacto, que generalmente es económica y, depositada en manos de algún líder o ministro, estamos seguros que Él va a cumplir con la suya, que es la de prosperarnos económicamente y bendecirnos espiritualmente.

Porque nos han repetido hasta la saciedad, incluso cantando, que nuestro Dios, es un Dios de pactos; !!Y es la verdad!! Nuestro Dios, es un Dios de pactos. Pactos que encontramos ininterrumpidamente a lo largo de todo el relato bíblico, desde Génesis a Apocalipsis.

Pero los pactos de los que habla La Palabra de Dios, son a la manera de Dios, y no nuestra manera.

Como por ejemplo, el pacto con Abraham:

Era Abraham de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto.
Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera.
Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y Dios hablo con él diciendo: He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbres de gentes.
(Génesis 17:1-4)

Comprobando aquí, que es Dios el que pacta con el hombre, y que es Él, el que pone las condiciones del pacto.

Le pide el Señor a Abraham que ande delante de Él y que sea perfecto, y a cambio bendición tras bendición, al ser su Dios obedeciéndole en todo.

Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti.
Y estableceré mi pacto entre mi y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones por pacto perpetuo, para ser tu Dios y el de tu descendencia después de ti.
Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaan en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.
Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti guardarás mi pacto, tú y tus descendientes después de ti por sus generaciones.
(Génesis 17:6-9)

Un pacto es un compromiso. Y hay compromisos que se asumen sin esperar nada a cambio, pero con la esperanza, que con el compromiso adquirido, se consiga alcanzar lo deseado.

Es el compromiso que por amor y de manera unilateral, ofrece el Señor a toda la humanidad:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)

El Señor, ofrece a su Hijo (por amor) para que la humanidad tenga vida eterna, a cambio de que le acepten (le crean) y obedezcan. Este es el pacto condicional y unilateral del Señor.

Porque no se trata de tener que darle al Señor para que Él nos dé, como si de una transacción comercial se tratara. Sino todo lo contrario, Él se da sin esperar nada a cambio, a través de su Hijo Jesucristo, ofreciéndonos por amor, todas las cosas:

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas? (Romanos 8:32)

Entendiendo que lo que espera de nosotros el Señor, es que no dudemos, que teniendo a Jesucristo, lo tenemos todo y que el único pacto al que Él siempre responde es al del amor y la obediencia a su Palabra.

..... El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. (Juan 14:23)

Que la Gloria sea siempre para nuestro Dios.




Fotografía: Antonio Sellés
Antonio Sellés
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2.- Francisco José LLorca LLinares (Patxi)
04-07-2011
Comparto su opinión. Un pacto obliga a las partes que participan en él a cumplir sus condiciones. Los pactos con Dios siempre nacen de EL. EL (Dios) se obliga a sí mismo con el hombre mediante un PACTO y pone sus condiciones, ya que el hombre no puede obligar a Dios. El VOTO es una promesa que se hace a Dios. Fue lo que hizo Jacob (Génesis 28:20). El voto tiene caracter unilateral pues solo obliga al que hace el voto. Puede ser condicional, como el voto que hizo Jacob, pero nunca puede obligar a la otra parte, en este caso a Dios. En el voto que hizo Jacob Dios no estaba obligado a bendecirlo, aunque lo hizo.
Pastor, muchas gracias por su artículo, es una bendición y muy esclarecedor. El Señor lo bendiga. Patxi


1.- Dilcia Coromoto Garcia
03-07-2011
Dios les bendiga, quisisiera conocer mas del articulo de la guerra espiritual, seria posible que me enviara un articulo por correro. Dios les guarde. bendiciones