Recompensa de Profeta.

 

 

Se detallan en el evangelio de san Mateo, una serie de recompensas para todos aquellos  que de una manera u otra, reciban o hagan algún bien  a los  seguidores del Señor Jesucristo.

El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá.  Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa. (Mateo, 10:40-42)

En primer lugar da  por sentado el Señor Jesús, que cuando alguien “recibe” a uno  de sus discípulos, también le reciben a él y a la vez, reciben  al Padre Celestial, porque el recibir no sólo implica el abrir las puertas de un  hogar,  sino tomar conocimiento de algo que se comunica y,  en este caso en concreto, se trata del evangelio de Jesucristo, de las Buenas Nuevas de salvación.

En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa.  Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa. En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante; y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.  (Lucas, 10:5-9)

Se menciona también,  que el que recibe a un verdadero profeta, recompensa de profeta recibirá.  Mención esta que durante mucho tiempo no he sabido  exactamente como tomarla  debido a que la gran mayoría de los autodenominados profetas conocidos por mí, generalizaban o divagaban en cuanto a su palabra profética. Y debido a esto no llegaba entender el sentido de lo expresado por el Señor Jesús, hasta que leyendo al profeta Jeremías comprendí de lo que se trataba, al ver que un tal Ebed-melec, eunuco etíope de la corte del rey Sedequías de Judá, se compadeció de él, intercediendo  ante el rey, para que lo sacaran del pozo ciego donde lo habían metido. (Jeremías, 38:7-13)   Cosa que consiguió y, sin pretenderlo, obtuvo una  merecida recompensa:

Y había venido palabra de Jehová a Jeremías, estando preso en el patio de la cárcel, diciendo;  Ve y habla a Ebed-melec etíope, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo traigo mis palabras sobre esta ciudad para mal, y no para bien; y sucederá esto en aquel día en presencia tuya.  Pero en aquel día yo te libraré, dice Jehová, y no serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes.   Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque tuviste confianza en mí, dice Jehová.  (Jeremías, 39:40-42)

Ebed-melec,  fue recompensado por el Señor al compadecerse de Jeremías. Porque una recompensa,  es un beneficio o premio  que se otorga, como reconocimiento,  al haber hecho un bien o buena acción a alguien. Y en este caso a un profeta de Dios.

A partir de lo leído en libro de Jeremías, me vinieron a la mente dos de los profetas que durante un tiempo compartieron sus llamados, Elías y Eliseo.

El primero de ellos Elías, que durante una terrible sequía que azotaba a Israel,  fue enviado a Sarepta ciudad de Sidón, para que fuera alimentado por una mujer viuda,  ajena a Israel, que disponía de lo más mínimo para la  subsistencia de su hijo y la de ella, pero atendió  al profeta de Dios. (1 Reyes, 17:1-14) Siendo la recompensa al haber recibido a un verdadero profeta, que no  les faltara en casa,  ni la harina ni el aceite,  mientras duró la terrible sequía:

Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.  (1 Reyes, 17:15-16)

Eliseo, profeta de Dios, durante el ejercicio de su ministerio, solía desplazarse continuamente allá donde fuera requerido, llegando a mantener un buena relación de amistad con una familia de Sunem,  villa  perteneciente a la tribu de Isacar, y debido a las idas y venidas a través de esa villa la señora de la casa le sugirió a su marido construir para el profeta de Dios, una habitación en la que se  pudiera quedar y descansar,  cada vez que  el profeta pasara por el pueblo:

 Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer.  Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios.  Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.  Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió. (2 Reyes, 4:8-11)

Agradecido Eliseo, por haberle  recibido  y honrado de aquella manera,  sin pedirle nada a cambio, quiso recompensar  a la mujer sunamita con algo que necesitara, y al no tener necesidad de nada material, optó por la bendición que le faltaba, un hijo; Recibiendo de esta manera recompensa de profeta:

Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo. Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo. Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta. Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.  Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho. (2 Reyes, 4: 12-17)

La recompensa que recibió el etíope Ebed-melec  a través del profeta Jeremías, fue su vida. La viuda de Sarepta de  Sidón, se vio recompensada   por el profeta Elías, con  harina y aceite sin fin, mientras duró la hambruna. La sunamita recibió a través del profeta Eliseo, como  recompensa, la  mejor de las bendiciones para una mujer,  un hijo.  Recompensa de profeta recibieron, según Jesucristo el Señor.

Pero también se menciona en el mismo  texto de Mateo que el que recibe  a un justo, recompensa de justo recibirá, entendiendo como justo ante los ojos del Señor, todos aquellos que han sido justificados, es decir los que el Señor no inculpa de pecado: Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado. (Romanos, 4:8)  Y  para ello, para  no ser de pecado  imputados, tuvo el Señor Jesús (ocupando nuestro lugar) que pasar por la cruz, para que todos  aquellos que en él crean sean absueltos de pecado y por lo tanto declarados justos ante Dios, por medio de Jesucristo el Señor.

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas;  la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,  por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,  siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,   a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.  (Romanos, 3:21-26)

Los que Dios considera como  justos  tienen una relación especial con Él, (Prov. 3:23) que son todos aquellos que andan conforme a  sus mandamientos y ordenanzas. (Lucas, 1:5-6)  Relación que lleva a  los justos al clamar a Dios,  ser oídos por Él: Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos.   (Salmos, 34:15)  Y les da lo que desean: Lo que el impío teme, eso le vendrá; Pero a los justos les será dado lo que desean. (Prov. 10:24)

Así que, si alguien recibe a un justo y el justo ve alguna necesidad en el que le recibió, clamará a Dios, y como Dios oye a los justos remediará dicha  necesidad o carencia, recompensando de esta manera al que recibió al justo.  Recompensa de justo.

Añadiendo el Señor Jesús, que cualquiera que compadecido le dé  a uno de sus discípulos, por muy humildes (pequeños) que sean,  un vaso de  refrescante agua fría para aliviar su sed, no caerá en saco roto, porque también el que  lo haga,  tendrá su recompensa. En este caso recompensa de  mano del Señor:

Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;   estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.  Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?   ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?  ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?  Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.  (Mateo, 25:34-40)

Entendiendo por lo expuesto (hay mucho más)  el motivo que tenía el   Señor  Jesús  por enseñar en  las ciudades,  aldeas  y villas   de Israel todo aquello que podría ser  útil  y bueno tanto   para sus discípulos,  como para  los que no lo eran,  porque sus enseñanzas trataban  de algo muy importante:  Al volver por su Iglesia (porque tiene que volver)   nadie pudiera  alegar ignorancia sobre  las cosas que él dijo, hizo y como  vivió.  (Juan, 12:37-38) 

He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. (Apoc. 22:12)

 

Que la gloria sea siempre para nuestro Dios.

 

 

 

 

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