El servir a los demás.

 

Solemos, regularmente, cada sábado por la tarde,  reunirnos para leer, estudiar  y comentar los distintos libros de la Biblia. El último libro que leímos fue  la epístola a los Hebreos.

Durante su   lectura, nos detuvimos a comentar   (entre otras cosas)  la conveniencia   de  dejar atrás (según se señala en dicha epístola) los principios   fundamentales de la doctrina cristiana para madurar convenientemente y seguir  hacia  adelante en busca  de la perfección en Cristo,  y no quedar “infantilmente anclados”, en lo que el autor de la carta llama, rudimentos cristianos.

Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. (Hebreos, 6:1-2)

Llegando a entender, al seguir adelante  en la lectura de la epístola,  que “el   no estar al servicio de los demás” es una señal inequívoca de inmadurez espiritual. Actitud, la de servir, que a nivel general, casi no se tiene en cuenta. Como si nos hubiéramos olvidado la recomendación que  el Señor Jesús dio a sus primeros discípulos, y   que por extensión,  debería llegar hasta nosotros.

Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 
Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
(Mateo, 20:25-28)

Ya que, para el Señor Jesús, el vocablo “servir” era sinónimo de grandeza y madurez espiritual.  Y que para darle más fuerza y sentido  ha  dicho término,  en las Escrituras se  nos dice que se sirve al Señor,  en la manera que se honra y  sirve a los hermanos en Cristo.

Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún(Hebreos, 6:10)

Don (porque es un don) el de servir, (Rom. 2:6-8) poco deseado por  una gran mayoría, y para otros, “el  gran desconocido”.

La verdad es que nos gusta más que nos sirvan  y que nos tengan en cuenta,  que servir y tener en cuenta a los demás.   Obviando las palabras dichas por de Jesús: “El que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor

Rogando, debido a ello, en la carta que el apóstol Pablo dirige a los corintios, que se sujeten,  a todos aquellos que están dedicados al servicio de los hermanos. No a los  que en un tiempo lo hicieron y se ganaron “los galones” para ascender en el escalafón y luego,  debido a su alto nivel espiritual,  lo olvidaron; sino a todos aquellos que no han dejado   la brecha  y continúan esforzándose para  establecer  y mantener el Reino.

Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan. (1 Cort. 16:15-16)

Así que,  tal y como se aconseja,  deberíamos (si no lo hemos hecho)   dejar atrás  “los rudimentos de la doctrina de Cristo”, y meditar en lo acontecido a un puñado de hombres  hace más de 2000  años en un aposento alto, para alcanzar, si es que no la tenemos,  la  madurez que el Señor requiere  de nosotros, y  una vez obtenida, con toda humildad, dedicarnos al  servicio de los santos y de los que no  lo son, para que (los que no lo son)  puedan  llegar a ser:

Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? 
Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy.
Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.
Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.
De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió.
Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.
 (Juan, 13:12-17)

 

Que la Gloria sea siempre para nuestro Dios.

 

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