Dos o tres.

 

Les menciona el Señor Jesús a sus discípulos, durante una interesante charla que mantuvieron sobre el perdón,  que  si dos de ellos se pusieran de acuerdo  acerca de “cualquier cosa”  que pidieran a su  Padre, les sería concedida. Puntualizando que debían reunirse en su nombre, un mínimo de dos o tres personas,  para que el “quórum” ya que Él estaría presente, fuera suficiente.

 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.  Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. (Mateo:18:19-20)

Dos o tres es el mínimo de personas que el Señor señala para que su presencia sea una realidad; pero como congregar significa reunir a un conjunto de personas en un mismo lugar con un fin determinado, es muy importante que la Iglesia de Jesucristo tenga en cuenta la necesidad de reunirse para juntos orar, alabar y glorificar el nombre de Dios, para que de esta manera puedan ser  derribados muros de incredulidad y resistencia a La Palabra de Dios, entre otras muchas más cosas. (Efesios, 6:12)

Por esto mismo, tendrían, los que sólo se congregan ocasionalmente,  tener en cuenta la necesidad de congregarse regularmente para poder estimularse unos a otros, tal y como  lo recomienda el mismo san Pedro, uno de los doce (cómo todos sabemos) que el Señor escogió y capacitó para que fuera de  sus apóstoles y  asentara fundamentos bíblicos:

Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. (Hebreos, 10:23-25)

 

¿Podrías pensar en ello?

 

 

 

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