Temiendo (reverentemente) a Dios.

 

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. (Efesios, 6:11-13

Con estos versos inició nuestro hermano Paco, la exposición de la Palabra que el Señor puso en su corazón unas semanas atrás. Pero no nos habló de la armadura ni del significado de las  distintas piezas que la componen.  Nos habló sobre el temor que algunas personas tienen al demonio.

De que algunos (en el mundo) por absurdo que parezca, creen en el  demonio y no creen en  Dios. Temen al demonio y no temen a Dios. Señalando que algunos de nosotros, también tememos más al demonio que a Dios.

Considerando nuestro hermano durante su exposición, que  al estar en lucha, la confrontación con nuestro adversario el diablo  es inevitable y no podemos atemorizados mirar hacia otro lado,  mientras hace  de las suyas. (1 Pedro 5:8)

Que al único que debemos temer (reverentemente)  es a Dios, porque Él,  es  el único que tiene todo el poder y  que ademas,  (no lo olvidemos) somos de los suyos.

Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas. Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. (Mateo, 10:17-28)

Por lo tanto, si Dios es por nosotros como dice la Escritura,  ¿Vamos a dejar de  proclamar las verdades del evangelio de Jesucristo,  por temor  a  los demonios que se esconden detrás de algunas situaciones (no tenemos lucha contra sangre y carne)  y de los hombres? De ninguna manera, sino que sometidos a Dios y con resistente valentía,   haremos huir al diablo para poder seguir con la  labor que el Señor nos ha encomendado.  Porque precisamente de eso, es de lo que  se trata.

Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros (Santiago, 4:7)

 

¿Podrías pensar en ello?

 

 

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