En nuestra propia lengua.

 

La congregación a la que pertenezco al igual que otras muchas,   está integrada en el mundo  digital a través de una  página web y de la red social facebook; medios  que consideramos adecuados para que todo aquel que en la distancia, quiera contactar con nosotros y conocernos, pueda hacerlo.

Pues bien, hace un par de años más o menos,  una joven mujer brasileña se puso en contacto con nosotros, a través de uno  de los medios mencionados.  Después de intercambiar varios mensajes con ella y   al preguntarle (en uno de esos mensajes)   en que parte de Brasil  residía, quedamos   gratamente  sorprendidos al hacernos saber  que aunque era brasileña,  vivía  con su esposo e hijos en  nuestra misma ciudad,  ya que su marido era originario de ella.

Al pedirle permiso para ir a visitarla, nos enteramos que le habían diagnosticado un cáncer de  seno y estaba bajo tratamiento médico. Así que,  junto a mi esposa, una vez concretada la visita, no presentamos en su casa para conocerla y pedirle al Señor además de sanidad, bendición para ella y su familia.

Pero lo que más nos sorprendió una vez que  hubimos orado, es la emoción que sintió su esposo al oírnos orar en “su propia lengua” al tener este  varón, al igual que nosotros, como lengua vehicular el valenciano,  junto al  español o castellano.

Resultando, (según nos dijo) que en Brasil, donde conoció al Señor, se preguntaba si alguna vez oiría a alguien de su tierra, orando en valenciano, su lengua materna. De ahí el impacto y emoción al oírnos a nosotros “hablar en su propia lengua las maravillas de Dios”.

Lo curioso de todo esto,  es que me vino a la mente, lo acontecido en Pentecostés  cuando al  derramarse el Espíritu Santo sobre los congregados en aquel aposento, se armo tal estruendo que muchos curiosos  se acercaron a ver qué pasaba,  asombrándose al oírles hablar en las distintas lenguas de los lugares que procedían.

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. 
Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.
Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?
(Hechos, 2:4-12)

Y esto fue así, porque nuestro Dios,  el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob,   es tan  cercano,  que utiliza la  lengua de cada pueblo o nación,  para dar a conocer a  la obra redentora de  nuestro Señor Jesucristo.

Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundoPero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. (Efesios, 2:11-13)

No le importa a nuestro Dios, buscarnos en nuestra propia lengua. Él viene a nuestro encuentro en nuestra propia lengua, para que nadie se pierda por falta de conocimiento, ya que  como  la fe viene por el oír,  (Rom, 10:14-17)  el Señor  desea  que todos, sin importar el habla,  tengamos  la oportunidad de saber lo que Él espera de nosotros  y lo que nosotros podemos esperar de Él.

Y aunque no se menciona en la Biblia cuantos de los que oyeron en sus propias lenguas las maravillas de Dios “fueron tocados” por Él, se sabe, que aquellos que fueron tocados,   se convirtieron en misioneros para los de su propia lengua.  Que es una de las cosas que espera el Señor  de nosotros,  al  habernos tomado para Él.

Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. (Hechos, 8:4)

Porque,  al conocer el entorno, las  costumbres y peculiaridades,  de los de nuestra propia lengua, podemos,  al tener conocimiento del Dios que nos habló,   ahuyentar a través de su Palabra y con la ayuda indispensable del Espíritu Santo,   todo lo que   mantenía a nuestro propio pueblo,  alejado del Señor de Gloria.

Para que un día, sin haber perdido nuestra identidad como pueblo,  junto a otros pueblos de distinta lengua, pero con el mismo sentir, podamos proclamar convencidos,  que la salvación pertenece únicamente a nuestro Dios y al Cordero.

 Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. (Apoc. 7:9-10)

Porque  parece ser, que  lo más  importante, es  llegar a vestir ropas  blancas y rendirse delante del Señor sin importar raza,  lengua o nación.

 

Que la Gloria sea siempre para nuestro Dios.

 

 

 

 

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