Hace unas semanas tuvimos la visita de Isabel Skúlason, hermana en Cristo a la que el Señor utiliza, tanto en la palabra profética como en la enseñanza. Pues bien, en una de sus predicaciones, manifestó “la carencia de Apolos en la iglesia de Jesucristo”. Porque muchos de nosotros queremos sembrar, pero pocos regar.
Así que, vamos a conocer lo que nos dice la Palabra de Dios, sobre Apolos.
Conoció Pablo en Corintio a Aquila y Priscila, matrimonio de creyentes que al ser del mismo oficio que Pablo, se quedó trabajando con ellos y que, al tiempo, se convirtieron en colaboradores de Pablo en la difusión del evangelio. Llevándolos con él a Éfeso y allí les dejó para que continuaran con la misión, mientras él continuaba su viaje a Jerusalén.
Una vez en Éfeso, esto es lo que sucedió:
Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras.
Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo. (Hechos, 18:24-28)
Así que Apolos, como tenía previsto, pasó de Éfeso a Corintio, que era la capital de la provincia romana de Acaya haciendo lo que más sabía: Hablar y enseñar con denuedo (intrepidez) y vehemencia (ímpetu) la palabra de Dios. Sobre todo, después que Priscila y Aquila le expusieran con más exactitud “el camino de Dios”.
Pero no vamos a entrar en lo sucedido en Corintio al formarse algunos grupos, seguidores unos de Pablo, otros de Apolos y otros de Cefas. (1 Cort. 1:10-12) Sino del trabajo que tanto Pablo como Apolos realizaban conjuntamente, porque uno plantaba y el otro regaba.
Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. (1 Cort. 3:8)
Y vamos a utilizar para ello, una breve metáfora agrícola, porque el trabajo más importante después de sembrar o plantar la semilla, es el riego.
Porque para regar adecuadamente, se necesita conocer el tipo de planta, el tipo de suelo, el clima y el método a utilizar. Es muy importante conocer las necesidades específicas de cada planta y ajustarse a ellas, para asegurarse que el agua llegue a las raíces y se produzca el crecimiento deseado.
Pablo, apóstol de los gentiles fue enviado por el Señor Jesucristo a predicar el evangelio. (1 Cort.1:17) Llegaba a un lugar sembraba o plantaba la Palabra con poder (Rom. 15: 18-19) y pasado un tiempo se iba; dejando a los más idóneos para que continuasen con la labor, es decir que “regaran lo plantado”.
El regar, (instruir) requería y requiere en principio, conocimiento y dedicación; alguien esforzado y paciente a la vez, amable, apto para enseñar, buen conocedor de la palabra de Dios, y alguna otra cosa más.
Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él. (2 Tim. 2:24-26)
Y en esto colaboró Apolos con Pablo. Pablo plantó y Apolos regó, para que el Espíritu Santo, que está detrás de toda obra, dé el crecimiento.
Yo planté, (dijo Pablo) Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. (1 Cort. 3:6)
Porque, si importante es plantar o sembrar la palabra de Dios, sin riego, es decir, sin “Apolos” que se ocupen de alimentar (regar) con la Escritura a los recién convertidos, difícilmente se va dar el crecimiento deseado. Porque los que plantan, una vez concluida su labor, se van; pero los que riegan, se quedan.
Ya que, si la Escritura, toda ella, es inspirada por Dios y por lo tanto útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en justicia, con objeto de que el hombre de Dios, esté enteramente capacitado para toda buena obra, (2 Tim. 3:16-17) sin “Apolos” en las iglesias que se ocupen de instruir en la Palabra, difícilmente va haber crecimiento.
Y aunque, ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento, (1 Cort. 3:7) la necesaria colaboración entre el que planta y el que riega es imprescindible, para la obra de Dios.
Y, esta es la obra de Dios, que crean en el que Él ha enviado. (Juan, 6:29)
Buena enseñanza que nos inspira para instruir a los miembros de la congregación en toda buena palabra recibida en las visitas proféticas. Somos privilegiados.
Very good. It is certain that the ministry of watering is often missed and is very important.