Semejante a una red.

 

 

Vivo en una localidad donde una de sus principales industrias durante años, fue la confección de redes para la pesca. Las mujeres, mi madre entre ellas, complementaban (eran tiempos duros) la economía familiar tejiendo redes en casa.

Tejer, significa entrelazar hilos para formar una tela o una red; aunque también se utiliza el término tejer, como la acción de unir o establecer relaciones entre personas, o la de comunicar o compartir recursos.  Y que una vez entrelazados todos los hilos y “tejida una red”, se convierte en un instrumento útil para su uso.

En el evangelio de Mateo encontramos una alusión a las redes, en este caso de pesca, porque el reino de los cielos, según el Señor Jesús, es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces, (Mateo, 13:47) y es de la que, como instrumento, vamos a tratar.

Utilizó el Señor a Ananías y Bernabé “para tejer” es decir, para formar a un joven llamado Saulo, que llegó a ser uno de los apóstoles más utilizados por el Señor:  Se trata de Pablo apóstol de los gentiles. Porque “una red no deja de ser un instrumento” en las manos del Señor, para llevar a cabo su voluntad.

Colocó el Señor en manos de Ananías el molde para que comenzara a tejer la citada red, una vez que se le apareció a Pablo en el camino de Damasco, persiguiendo a los primeros discípulos:

Mas yendo por el camino, aconteció que, al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.

El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿Qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. (Hechos, 9:3-6)

En Damasco, vivía Ananías, este era un varón piadoso que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí vivían. Recibió Ananías de parte del Señor, el encargo de orar por Pablo, para que recobrara la vista y fuera lleno del Espíritu Santo, porque había sido escogido para ser “un instrumento, es decir, una red, en las manos de Jesucristo”, a pesar de ser perseguidor de su Iglesia.

Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor.

Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista.….

…. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. 

Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.

Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. (Hechos, 9:10-12;15-18)

El Señor, comenzando la red, hizo el nudo inicial, y Ananías molde o mallero en mano, al obedecer, comenzó a tejer (entrelazar) las mallas de la red de Dios…, otros discípulos también ayudaron (no sabemos sus nombres) y Pablo, con el fervor del primer amor, comenzó a predicar el evangelio, aunque no con mucho éxito. (Hechos, 9:19-22)

Unos pocos años después, entra en acción otro “redero de Dios” para seguir tejiendo la red de Dios.  Este era un levita, natural de Chipre llamado Bernabé que había conocido al Señor, y se encontraba en Jerusalén gustando del amor y   la comunión que en ese tiempo gozaban los discípulos.

Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común….

Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles. (Hechos, 4:32;36-37)

Y al haber sido esparcidos los discípulos por causa de la persecución que se levantó con motivo de la muerte de Esteban, algunos de ellos llevaron la Palabra a Antioquía, comenzando de esta manera, el mover de Dios en esa ciudad, por lo que la iglesia de Jerusalén envió a Bernabé para conocer de primera mano lo que estaba aconteciendo:

Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor. Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor. (Hechos, 11:22-24)

Y estando Bernabé en Antioquía, fue en busca de Saulo que se encontraba en Tarso, su ciudad natal, para que le ayudara en la evangelización de la ciudad. “Me imagino que Bernabé, al estar lleno del Espíritu Santo, fue en busca de Saulo, por indicación del mismo Espíritu para seguir formándole” es decir, para seguir tejiendo la red. (Hechos, 11:25-26)

De allí, después de un año, Bernabé y Pablo fueron enviados para suplir las necesidades de los hermanos en Judea, debido a una hambruna. Por lo que Saulo al lado de Bernabé, además de predicar el evangelio, aprendió a servir a los hermanos; la red continuaba entretejiéndose. (Hechos, 11:27-30)  

Cumplido su servicio, Bernabé y Saulo, volvieron a Antioquía, llevando también consigo a Juan, pariente de Bernabé, el que tenía por sobrenombre Marcos.

A su regreso, orando y ayunando con los profetas y maestros de la iglesia de Antioquía, el Espíritu Santo, dijo que apartaran a Bernabé y a Saulo para la obra que, “como evangelistas” les había llamado. (Hechos, 13:1-3)

Enviados por el Espíritu Santo, llegaron a Chipre, llevando a Juan “Marcos” de ayudante. En este viaje, Bernabé permite que Saulo, es decir Pablo, tomara la iniciativa, para reprender a un falso profeta judío, llamado Barjesús; por lo visto, Bernabé entendió que Pablo ya estaba preparado “para la obra” y su trabajo como “redero” en este caso, estaba llegando a su fin. (Hechos, 13:4-13)

Al dejar Chipre y seguir su viaje misionero, ya Pablo, generalmente era el que tomaba la palabra para dirigirse a los oyentes, aunque Bernabé siempre estaba con él; el instrumento escogido, es decir Pablo, ya estaba siendo utilizado por el Señor. (Hechos, 13:16-17; 44-48)

De regreso a Antioquía, después referir a la iglesia todo lo que les había acontecido y las grandes cosas que había hecho Dios con ellos y como había abierto la puerta de la fe a los gentiles, se quedaron allí cerca de dos años con los discípulos.

Pasado ese tiempo, Pablo y Bernabé, ocupados en enseñar la Palabra de Dios y anunciar el evangelio, Pablo, tomando la iniciativa le propuso a Bernabé volver a visitar a los hermanos en las ciudades que habían anunciado el evangelio. Al aceptar Bernabé la propuesta de Pablo, sugirió que los acompañase su pariente Marcos, y al negarse Pablo porque este, les había dejado en el primer viaje, hubo entre ellos tal desacuerdo, que se separaron; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre, y Pablo, escogiendo a Silas que estaba en Antioquía, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor. (Hechos, 15:35-41)

Pareciera que la historia de los rederos o tejedores del Reino termina aquí, pero nos es así, la red continuó tejiéndose; porque al llevar consigo Bernabé a Marcos, dio comienzo de mano de Bernabé, una nueva extensión de la red de Dios, se trataba de Marcos.  Porque pasado un tiempo, Pablo, reconociendo la valía de Marcos  (anteriormente lo había rechazado) solicitó,  estando preso,  que viniera a Roma para ayudarle en el ministerio.  (2 Tim. 4:11)

Marcos, además de serle útil a Pablo para el ministerio, es el autor del evangelio que lleva su nombre, y fue un estrecho colaborador del apóstol Pedro (1 Pedro, 5:13) al haber sido la casa de sus padres, uno de los principales centros de reunión de los primeros cristianos en Jerusalén. (Hechos 12:12)

Por su parte, Pablo al haberse separado de Bernabé, llegó a conocer a Timoteo, que era hijo de una mujer judía y de padre griego, y que, al tener un buen testimonio de los cristianos de su ciudad, quiso Pablo que fuese con él para formarle; comenzando Pablo a tejer, en Timoteo, “otra extensión de la red” (Hechos, 16:1-3)

Y del tal manera lo formó, que, a su debido tiempo, lo dejó en Éfeso como pastor y supervisor de la Iglesia allí establecida; comenzando Timoteo, a enseñar “como redero” a otros, lo que de Pablo había aprendido, para que la red, siguiera tejiéndose.

Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.  (2 Tim. 2:1-2)

Red, que, hombres fieles e idóneos para enseñar, malla a malla, han ido tejiendo hasta nuestro días; y que, cuando alcance los últimos confines de la Tierra, entonces y sólo entonces, al ser el Reino de los Cielos semejante a una red, estará terminada: Porque la tierra será (estará) llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar. (Habacuc, 2:14)  

“…Cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”. (Lucas, 17:10)

 

 

 

                       Que la Gloria sea siempre para nuestro Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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