Un discípulo llamado Eliseo.

Cuarenta días después de haber resucitado y antes de ascender a los cielos, tuvo el Señor Jesús una pequeña conversación con los once discípulos que él escogió y preparó, comisionándoles para que continuaran con la obra que él inició, diciéndoles…

Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.  (Mateo, 28:18-20)

Y como de lo que se trata es de discipular, cuando discipular no sólo es enseñar o dar a conocer doctrina, sino una forma de vida para poder llegar a guardar o mantener todo lo establecido por el Señor Jesús (Lucas, 14:27-33)   además de tener conocimiento de la Palabra de Dios, hasta llegar a poder formar a otros discípulos, podríamos tomar como modelo a Eliseo, discípulo del profeta Elías.

LA ELECCIÓN.

Todo comienza cuando el Señor le dice a Elías que unja como profeta a Eliseo es su lugar. Que lo tome a su servicio, como discípulo y aprendiz de profeta: A Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar. (1 Reyes, 19:16)

EL LLAMADO.

Halló Elías a Eliseo en el campo, no oraba ni leía cuando lo encontró; estaba arando con una yunta de bueyes, ya que, a pesar de su acomodada posición, no desdeñaba poner su mano en el arado. Y que “al llamado de Dios” (Elías ni le habló) dejándolo todo, siguió a Elías: 

Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto. Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo? Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen.  Después se levantó y fue tras Elías, y le servía. (1 Reyes, 19:19-21)

Esto nos da un indicio, como muy bien señala Richard Hussey, que Eliseo, era un aprendiz o discípulo humilde, que prácticamente no hablaba, pero se fijaba en cada detalle de cómo vivía Elías, de la forma en que hablaba, y de las cosas que, como auténtico siervo del Señor, hacía y decía, y, por otra parte, de las que nunca hacía ni decía.

EL DISCIPULADO.

Llegó el día en que el Señor iba a llevarse a Elías, por lo que Elías, hasta tres veces, intentó que Eliseo no le siguiera; pero sabedor de este asunto el que había servido y sido discipulado por el profeta de Dios durante 10 años, en ningún momento consintió en dejar a su maestro:

Aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal.  Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a Bet-el.  Y saliendo a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Bet-el, le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad…. (2 Reyes, 2:1-6)

Al ver Elías, la insistencia de Elíseo y, (parece ser) complacido por la constancia y servicios prestados, le dice: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que sea quitado de ti. Eliseo, sin pensárselo dos veces, le ruega que una doble porción de su espíritu sea sobre él. Petición que únicamente, le dijo Elías, le sería concedida, si le viera ascender al cielo, como así fue: 

Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.  Él le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; más si no, no.  Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.  Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en dos partes. (2 Reyes, 2:9-12)

EL MINISTERIO.

Una vez lleno de la doble porción del espíritu de Elías, al haber visto ascender al cielo a Elías, como este se lo prometió, no duda en comenzar a ejercer su ministerio como profeta de Dios. Comenzando su ministerio profético, con un milagro idéntico al último que hizo Elías antes de ser arrebatado. Por lo que, un grupo de profetas que observaban lo que estaba aconteciendo, no dudaron en reconocer a Eliseo como sucesor de Elías. 

Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y se paró a la orilla del Jordán.  Y tomando el manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo.  Viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y vinieron a recibirle, y se postraron delante de él. (2 Reyes, 2:13-15)

El Señor escogió y llamó al joven Eliseo; este, al oír el llamado de Dios, aceptó servir y ser discipulado por Elías.  Discipulado que duró 10 años. Llegando a ser Eliseo “el modelo de discípulo a seguir”.  Porque si son siete los milagros en los que intervino Elías, catorce los de Eliseo. El último de ellos, después de muerto: 

Y murió Eliseo, y lo sepultaron. Entrado el año, vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra. Y aconteció que al sepultar unos a un hombre, súbitamente vieron una banda armada, y arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo; y cuando llegó a tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y se levantó sobre sus pies. (2 Reyes, 13:20-21)

LA COMISIÓN. 

Así que, quiera Dios, que al igual que Elías (los llamados a ello) formen a muchos “Elíseos” para que, la tan alabada “gran comisión,” id y haced discípulos… deje de ser (que lo es)  la “gran omisión”. 

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. (Juan, 15:8)

Que la Gloria sea siempre para nuestro Dios.

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