No deja de sorprenderme al leer el Antiguo Testamento, la cantidad de veces que el Señor exhorta a su pueblo a que cambie de actitud en cuanto a su relación con Él, y que a menudo, no llega a conseguirlo.
Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos. (Jeremías, 6:16)
Era un caso de emergencia nacional, y no hicieron caso a las palabras del profeta.
Insta el Señor a su pueblo a que se detenga y considere donde les conduce el camino que han elegido; que miren y pregunten por las sendas antiguas, que son las sendas de justicia (Salmos, 23:3) por las que transitaron generaciones de hombres de Dios; el camino recto y seguro donde nadie se puede perder.
Preguntar por la sendas antiguas, quiere decir volver a lo establecido por el Señor. No es vivir como yo quiero o como yo creo; o como creemos que debe ser.
Por lo que, tal vez, deberíamos pararnos, mirar y preguntar si vamos por el camino correcto. No sea que, lo que creemos que es, no es.
¿Podrías pensar en ello?
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan, 14:6)