Ve, y haz tu lo mismo…

Quiso un intérprete de la ley, probar a Jesús haciéndole la siguiente pregunta: Maestro, ¿Haciendo que cosa haré para heredar la vida eterna? 

A lo que el Señor, a su vez, le respondió: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Como diciéndole: tú que eres experto en la ley, ¿me preguntas eso? ¿Cómo lo interpretas tu?

Como respuesta, le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.

Jesús le dijo: Has contestado bien; haz (todo) esto y vivirás.   (Lucas: 10:25-28)

Pero no quedó así la cosa, sino que, para justificarse, aún le preguntó al Señor, quien podría ser el prójimo* al que, según la ley debía amar.   (Lucas, 10:29)

Ni quiso el Señor Jesús, entrar en ningún debate o discusión teológica, con este experto que al parecer presumía de su conocimiento de la ley, pero que no se aplicaba u obviaba parte de ella, a pesar de que de estos “dos mandamientos” dependía toda la ley y los profetas. (Mateo, 22:40)

“Porque seguramente, al igual que muchos de nosotros el amar a Dios con todas nuestra fuerzas, lo tenemos muy claro; pero al prójimo, no tanto”

Por lo que le responde el Señor Jesús a este “erudito”, con la tan conocida parábola* del buen samaritano, a la que parafraseamos:

Al encontrarse un sacerdote tirado en el camino por el que transitaba (venía de Jerusalén) a un hombre medio muerto, al que habían robado y herido unos ladrones, lo miró y, al estar (tal vez)  «inmerso en lo glorioso que había sido el servicio en el Templo, en la cantidad de sacrificios que se habían ofrecido y en como gestionar las ofrendas y los diezmos recibidos” sin detenerse, paso de largo.

Asimismo, llegando un levita cerca de aquel lugar, y viendo también al hombre herido, desviándose, pasó de largo, porque al ser uno de los músicos del Templo (tal vez) se le había hecho tarde para el ensayo y no podía por nada,  detenerse.   

Pero un samaritano, alguien con el que no trataban los judíos, y menos los sacerdotes y los levitas (Juan 4:9) al considerarles impuros, al ver al herido, se detuvo,  y compadecido, vendó sus heridas y cargándole en su cabalgadura, lo llevó a un mesón, haciéndose cargo de todos sus gastos para que lo cuidasen y curasen. 

Y al preguntarle el Señor Jesús al “maestro de la ley”:   Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?  Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. (Lucas, 10:30-37) 

Fue una lección magistral dada por el Señor no sólo al intérprete de la Ley, sino también para los que en la actualidad estamos inmersos en la obra de Dios. 

Porque, según el Señor Jesús, no solo se trata de llegar a ser sacerdotes o pastores; levitas o líderes de alabanza; ni de maestros de la palabra, que también, sino de ser con nuestro prójimo misericordiosos.

Ya que, toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Gál. 5:14)

Que la Gloria sea siempre para nuestro Dios.

*Prójimo: Persona respecto de otra, consideradas bajo el concepto de la solidaridad humana, según la RAE.

*Parábola del buen samaritano: Lucas, 10.30-37.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *